Garras encarnadas: el enemigo silencioso que puede causar infecciones graves en tu mascota

Garras.brunorbs

Las “garras encarnadas” —uñas que crecen en exceso y terminan clavándose en la piel— son un problema frecuente y, a menudo, subestimado en perros y gatos. Puede empezar como una molestia leve, pero si pasa inadvertido puede derivar en heridas abiertas, dolor intenso y hasta infecciones profundas que comprometen el tejido del dedo.

Cómo se producen y por qué pasan desapercibidas

Las uñas de las mascotas crecen de forma continua. En animales que caminan poco sobre superficies abrasivas, viven mayormente en interiores o tienen poca actividad, el desgaste natural disminuye.

Garras.

En gatos, además, las uñas son retráctiles y el crecimiento puede notarse menos a simple vista. Con el tiempo, la uña se curva, presiona la almohadilla y puede perforarla.

El riesgo aumenta en animales mayores, con sobrepeso, con problemas articulares (que limitan el movimiento), o en aquellos con uñas oscuras, donde es más difícil calcular el largo adecuado de corte.

Señales de alarma en casa

El cuadro puede manifestarse con cojera intermitente, lamido persistente de una pata, rechazo a que le toquen los dedos, mal olor, enrojecimiento o inflamación.

Garras.

En casos más avanzados, puede aparecer secreción, sangre o una herida visible en la almohadilla. A veces la única pista es un cambio de carácter: irritabilidad o menos ganas de jugar.

Cuando el problema se complica

Una uña clavada actúa como una “astilla”: abre una puerta de entrada para bacterias. La infección puede extenderse a la piel circundante (celulitis), formar abscesos y generar dolor que altera la marcha, aumentando el riesgo de caídas o lesiones adicionales.

Garras.

En mascotas inmunosuprimidas o con enfermedades crónicas, las complicaciones pueden ser más severas.

Prevención y qué hacer si sospechás una

La medida más efectiva es el recorte regular de uñas, con una frecuencia ajustada a cada animal.

Revisar las patas —incluyendo el espolón en perros, que no siempre se desgasta— ayuda a detectar uñas curvadas o demasiado largas antes de que lesionen la piel.

Si observás una uña incrustada, herida, pus, mal olor o cojera marcada, lo recomendable es acudir al veterinario: puede requerirse extracción segura, limpieza profunda, control del dolor y, en algunos casos, tratamiento antibiótico.

Intentar “arrancarla” en casa puede empeorar la lesión o provocar sangrado.

La buena noticia es que, detectadas a tiempo, las garras encarnadas suelen resolverse sin secuelas. La mala: pueden avanzar en silencio.

Un chequeo rápido de patas puede evitar un problema grande.

Lo
más leído
del día