La ashwagandha (Withania somnifera) es una planta usada en la medicina ayurvédica y vendida como “adaptógeno”: una sustancia que, en teoría, ayuda al organismo a responder mejor al estrés. En humanos hay estudios con resultados mixtos; en perros, la evidencia científica es todavía más escasa y, en general, indirecta o basada en formulaciones comerciales con varios ingredientes.
Entonces, ¿se puede dar ashwagandha a los perros?
Puede considerarse, pero no como automedicación. No es un nutriente esencial ni un tratamiento veterinario estándar, y su seguridad depende de la dosis, el tipo de extracto, la calidad del producto y la salud del animal.
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La palabra clave aquí es “producto”: no es lo mismo raíz en polvo, extracto concentrado o cápsulas humanas con excipientes.
¿En qué casos un veterinario podría contemplarla?
En la clínica, suele aparecer como coadyuvante (un apoyo) y no como primera línea. Algunos escenarios plausibles, siempre tras evaluación, son:
- Estrés situacional o ansiedad leve: cambios de rutina, mudanzas, llegada de un bebé, visitas, o perros que “andan con el sistema encendido” sin llegar a un cuadro severo. Puede proponerse junto con enriquecimiento ambiental, rutina predecible y trabajo de conducta.
- Miedo a ruidos o hipervigilancia: tormentas, pirotecnia o sonidos urbanos. Aquí es importante no confundir “más tranquilo” con “sedado”: el objetivo es reducir reactividad sin apagar al perro. Si hay pánico, autolesiones o intentos de fuga, suele requerirse un plan médico-conductual más robusto.
- Perros mayores con sueño alterado o inquietud: algunos cuidadores describen paseos nocturnos o dificultad para “bajar revoluciones”. Antes de pensar en suplementos, el veterinario debe descartar dolor, síndrome cognitivo, problemas hormonales o urinarios.
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Riesgos y efectos adversos: lo que conviene saber
Incluso cuando “es natural”, puede causar problemas. Los más reportados con suplementos de este tipo incluyen vómitos, diarrea, somnolencia o agitación paradójica.
Además, en medicina humana se han descrito casos de lesión hepática asociada a ashwagandha; en perros no es frecuente, pero es un motivo razonable para ser prudentes, sobre todo si ya existe enfermedad hepática.
Cuándo evitarla
Hay situaciones en las que suele desaconsejarse o requiere control estrecho: gestación y lactancia, perros con enfermedades hepáticas, antecedentes de convulsiones, y pacientes con problemas tiroideos o que reciben medicación que afecte la sedación o el metabolismo.
También puede interaccionar con fármacos para ansiedad, anticonvulsivos, algunos analgésicos y tratamientos endocrinos.
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El problema central: dosis y calidad
No existe una dosis canina universal bien establecida para todos los extractos. Dos productos pueden decir “ashwagandha” y ser muy distintos en concentración y pureza.
Por eso, si se usa, suele recomendarse una fórmula veterinaria o una marca con análisis de terceros, y siempre verificando excipientes peligrosos (por ejemplo, edulcorantes o mezclas herbales no declaradas).
Qué señales deberían encender una alarma
Si tras iniciar el suplemento aparecen vómitos persistentes, diarrea, decaimiento marcado, ictericia (encías/ojos amarillos), desorientación o cambios bruscos de conducta, corresponde suspenderlo y consultar de inmediato.