La saña con la que mataron a uno de los secuestrados despierta sospechas

La brutalidad con la que acabaron con el capataz paraguayo Rolando Díaz pasa a ser un elemento clave en la investigación del secuestro y posterior asesinato múltiple ocurridos en la estancia de un alemán, en Itacurubí del Rosario.

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SAN ESTANISLAO, departamento de San Pedro (Sergio Escobar Rober, corresponsal). La Policía efectuó ayer un gran operativo en la zona donde el lunes último fueron ejecutados el ganadero de origen alemán Helmut Ediger Friesen (75), el capataz paraguayo Rolando Díaz (24) y el peón brasileño Odair Dos Santos Filho (36).

El hijastro de este último, el peón brasileño Eder Cordeiro Machado (18), fue el único sobreviviente de los cuatro secuestrados, ya que corrió cuando empezaron a matar a los otros.

El subcomandante Gilberto Fleitas encabezó la nutrida dotación policial desplegada en la zona aledaña a la estancia Ediger, entre las compañías Bola Kua y Mboi Kua, en el distrito de Itacurubí del Rosario.

También estuvieron agentes de la Dirección de Policía y de Investigaciones de San Pedro, así como elementos de Antisecuestro, Crimen Organizado y Homicidios, dependientes a su vez de la Dirección de Investigación de Hechos Punibles.

Los uniformados, de hecho, localizaron la tranquera donde Wilmar Ediger Janzen (49) dejó el dinero del rescate, que sería unos G. 2.000 millones, pero que al final no sirvieron para recuperar con vida a su padre Helmut y a los otros dos rehenes.

El punto del pago queda a 650 metros del casco central de la estancia Ediger, en la entrada a un monte de 1.350 hectáreas.

Justamente, en medio de ese monte, a 950 metros de la finca, también fue hallado el campamento donde estuvieron en cautiverio las víctimas y el lugar de las tres ejecuciones.

Torturas y saña

Un elemento que llamó la atención es que el capataz paraguayo Rolando Díaz fue el primero en morir, al ser degollado frente a su patrón, el alemán Helmut Ediger Friesen, como una especie de advertencia de lo que le esperaba a este si su familia no pagaba.

El paraguayo estaba maniatado cuando le clavaron en el corazón y le cortaron el cuello, aunque también fue torturado.

Los otros dos rehenes fueron asesinados “solo” con un tiro en la cabeza cada uno.

La inusual saña con la que actuaron contra el capataz degollado, al final, pasa a ser ahora un elemento clave en la investigación del caso, ya que podría explicar algunas conexiones que probablemente tenía la citada víctima con los autores del triple homicidio y cuya identificación está muy avanzada, según los datos.

El padre de Rolando, Gildo González, quien vive en la Calle 6.000 Ex Marengo, a unos 10 kilómetros de la estancia atacada, exigió justicia y lamentó la crueldad contra su hijo y las demás víctimas.

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