Papa León XIV envió carta a congreso de filosofía realizado en Paraguay

El papa León XIV.Simone Risoluti

El Papa León XIV envió una carta a los asistentes del Congreso Internacional de Filosofía: “Aportes a las culturas: Filosofía, Cristianismo y América Latina”. La misma fue leída por el gran canciller, monseñor Francisco Javier Pistilli Scorzara.

El gran canciller, monseñor Francisco Javier Pistilli Scorzara, leyó la carta escrita por el Papa León XIV dirigida a los presentes.

En la misma, el sumo pontífice destacó que el congreso busca ser un espacio de encuentro, diagnóstico, diálogo y proyección, así como también que buscar el encuentro es un propósito loable que se opone a la tentación de quienes han visto en la reflexión racional, dado que surgió en ámbito pagano, una amenaza que podría contaminar la pureza de la fe cristiana.

“Pio XII, en la encíclica humanis generis, advertía contra la actitud de aquellos que, pretendiendo exaltar la palabra de Dios, terminaban rebajando el valor de la razón humana. Esta desconfianza hacia la filosofía se perciben también en algunos autores modernos, como el teólogo reformado Karl Marx. Frente a ello, San Agustín recordaba: quien reprueba indistintamente toda filosofía, condena el mismo amor a la sabiduría”, citó León XIV.

Recordó que es por eso que el creyente no debería mantenerse distante de lo que proponen las diversas escuelas filosóficas, sino entrar en diálogo con ellas desde la sagrada escritura y de este modo, convertir el pensamiento filosófico es un espacio de encuentro privilegiado con quienes no comparten el don de la fe.

Monseñor Francisco Javier Pistilli Scorzara leyendo la carta que envió el Papa León XIV al Congreso Internacional de Filosofía.

Incredulidad y prejuicios

Advirtió que la incredulidad suele ir unida a un número de perjuicios históricos filosóficos y de otros órdenes, sin reducir la filosofía a una mera herramienta apologética y consideró que es inmenso el bien que un filósofo creyente puede conseguir con su estilo de vida y con aquello a lo que alienta el apóstol Pedro.

“Glorifiquen en sus corazones a Cristo el señor, estén siempre dispuestos a defenderse siempre delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen”, señaló.

Refirió que el segundo propósito, el diagnóstico, nos permite desenmascarar la pretención de alcanzar el conocimiento trascendente por mero análisis racional, hasta el punto de confundir los bienes propios de una vida según razón, con aquellos que solo pueden llegar a nosotros por la gracia divina.

“En la antigüedad, el monje pelagio, sostenía que la voluntad humana bastaba para cumplir los mandamientos sin el auxilio indispensable de la gracia. San Agustín respondió de un modo tan completo como profundo. En la modernidad, Hegel son su especulación sobre el espíritu absoluto, acabó subordinando la fe al despliegue irracional del espíritu. En diversos pensadores se descubre la misma ilusión, o sea, el pensar que la razón y la voluntad bastan por sí mismas para alcanzar la verdad”, expresó.

La filosofía y la fe

Pidió no olvidar que la filosofía, siendo una ardua tarea de la inteligencia humana, puede escalar cumbres que iluminan y ennoblecen, pero también descender a oscuros abismos de pesimismo, misantropía y relativismo.

“Allí donde la razón cerrada a la luz de la fe se convierte en sombra de sí misma. No todo lo que se reviste del nombre de racional o filosófico posee en sí mismo idéntico valor. Su fecundidad se mide por su conformidad con la verdad del ser y por su apertura a la gracia que ilumina toda inteligencia. Con genuina empatía hacia todos, hemos de ofrecer nuestro aporte, para que la noble tarea del filosofar revele más y mejor la dignidad del hombre creado a imagen de Dios", escribió.

Indicó que la clara distinción entre el bien y el mal y la fascinante estructura de lo real que conduce al creador y redentor, y que el paso sucesivo es esencial, así como el diálogo, que ha resultado extraordinariamente fecundo para los grandes pensadores, teólogos y filósofos cristianos.

“Ellos han demostrado como la racionalidad humana es un don expresamente querido por el creador y como la búsqueda más profunda de nuestra inteligencia tiende hacia la sabiduría que se manifiesta en la creación y alcanza su culmen en el encuentro con nuestro señor Jesucristo que nos revela al padre. Desde este enfoque, ya reconocible en el siglo II en San Justino, filosofo y mártir, y prolongado luego en figuras tan eminentes como San Buenaventura o Santo Tomás de Aquino, se muestra que la fe y la razón no solo no se oponen, sino que se apoyan y complementan de modo admirable", sostuvo.

Relación entre sabiduría teológica y filosófica

Recordó a su predecesor, San Juan Pablo II, quien decía que la relación íntima entre la sabiduría teológica y el saber filosófico es una de las riquezas más originales de la tradición cristiana en la profundización de la verdad revelada.

“El pensador cristiano está llamado a hacer un recordatorio vivo de la auténtica vocación filosófica como búsqueda honesta y perseverante de la sabiduría. En tiempos en que tantas cosas y aun las personas mismas se ven como descartables y en que la multiplicación de avances tecnológicos parecen dejar en penumbra a los problemas más trascendentes, la filosofía tiene mucho que cuestionar y mucho que ofrecer en el diálogo entre fe y razón, e iglesia y mundo”, refirió.

Agregó que la proyección se nos propone como tarea en el campo de intersección entre filosofía y fe y que, sin duda, la filosofía, más incluso por sus preguntas que por sus respuestas, nos permite indagar el núcleo de los valores y defectos presentes en cada pueblo.

“En esta línea, el quehacer de los filósofos creyentes, no puede limitarse a proclamar, así sea en un lenguaje elaborado, lo exclusivo de la propia cultura. La cultura en este sentido no puede ser el fin. San Agustín afirma que no se debe amar la verdad porque se conoció por tal o cual sabio o filosofo, sino porque es la verdad, aunque ninguno de aquellos filósofos la haya conocido. Por el contrario, es necesario que, sin perder de vista, las riquezas culturales, estos pensadores nos ayuden a situarla dentro del conjunto de las grandes tradiciones de pensamiento. De este modo, su aporte será magnífico y si además con este conocimiento se instruyen los obispos, sacerdotes, y misioneros que están llamados a llevar la buena noticia, el mensaje salvístico se trasmitirá con un lenguaje más comprensible y pertinente para todos”, concluyó.

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