La paciencia de los pobladores de las comunidades de Laguna Ita, Otazú y Ciervo Blanco del distrito de San Juan Bautista de Ñeembucú llegó a su límite. Ante el deterioro extremo del camino que los une con Costa Rosado y la falta de acciones sostenidas por parte de las autoridades, los habitantes anuncian que retomarán las medidas de fuerza, incluyendo el cierre de la ruta PY19, hasta que sus reclamos sean escuchados.
El tramo vial, clave para la salida de productos agrícolas y ganaderos hacia los mercados de Pilar y Asunción, se encuentra en condiciones deplorables. A pesar de reiterados compromisos oficiales, la situación no solo no mejoró, sino que se agrava con cada lluvia, dejando comunidades enteras prácticamente aisladas.
Si bien la Gobernación de Ñeembucú ejecutó obras de ripio en un trayecto de apenas tres kilómetros desde Costa Rosado hacia Laguna Ita, los pobladores consideran la intervención claramente insuficiente.
El resto del camino continúa intransitable y sin mantenimiento regular, afectando directamente la economía y la calidad de vida de cientos de familias rurales.
Corina Garay, pobladora de Ciervo Blanco, distrito de San Juan Bautista de Ñeembucú, denunció que las obras se encuentran totalmente paralizadas.
“Ahora que el suelo está seco y se puede trabajar, no aparece ninguna maquinaria. No hay ni siquiera una nivelación básica del camino”, expresó con indignación.
Según indicó, los reclamos constantes ante las autoridades se han convertido en una forma de mendicidad institucional. “Pedimos algo que es obligación del Estado y no vemos voluntad política para resolverlo”, sostuvo.
La falta de caminos y puentes en condiciones provoca que, con cada precipitación, las comunidades queden aisladas durante días.
“Nuestros caminos están destruidos. Cuando llueve no podemos salir ni entrar, por eso estamos pensando seriamente en volver a manifestarnos”, advirtió Garay.
La lucha por la mejora del camino no es nueva. En abril de 2024, los pobladores realizaron una caminata de aproximadamente 15 kilómetros, incluso atravesando zonas inundadas, hasta Costa Rosado para visibilizar la problemática.
Meses después, en octubre del mismo año, procedieron al cierre de la ruta PY19 como medida de presión.
En aquel entonces, el gobernador de Ñeembucú, Víctor Hugo Fornerón (ANR-HC), se comprometió públicamente a mejorar el tramo. Sin embargo, el año pasado anunció que solo siete kilómetros del trayecto Costa Rosado–Laguna Ita serían enripiados, una solución parcial que no resuelve el aislamiento estructural de la zona, según los pobladores.
Para los habitantes de Laguna Ita, Otazú y Ciervo Blanco, estas intervenciones fragmentadas no alcanzan. Siguen quedando incomunicados durante las lluvias, sin acceso fluido a servicios básicos, comercio y atención médica.
La situación resulta aún más contradictoria en Ciervo Blanco, una comunidad con alto potencial turístico ubicada a orillas del río Tebicuary.
A diario, pescadores deportivos y turistas de distintos puntos del país llegan al lugar, y fueron precisamente ellos quienes comenzaron a denunciar públicamente en redes sociales el estado del camino, apuntando a la desidia de las autoridades responsables de realizar las obras.
Mientras los anuncios se repiten y las soluciones no llegan, las comunidades rurales de San Juan Bautista de Ñeembucú vuelven a quedar frente a un dilema recurrente: resignarse al abandono o salir nuevamente a las rutas para exigir un derecho básico, el acceso a caminos dignos y transitables.