La falta de fármacos oncológicos y esenciales en los servicios del Instituto de Previsión Social (IPS) a cargo de Jorge Brítez, no es una novedad, pero la desidia administrativa actual agudiza un problema histórico. Mientras miles de trabajadores cumplen con sus aportes mensuales, el retorno en salud es nulo, obligando a los pacientes a gastos de bolsillo millonarios y recurrir al mercado ilegal para sobrevivir.
Lea más: IPS: asegurado deja de dar merienda a sus hijos para comprar medicamentos que no recibe
Detrás de las farmacias vacías existe una parálisis administrativa alarmante. Actualmente, de un total de 562 llamados a licitación, 465 permanecen sin definición.
La burocracia se traduce directamente en la falta de anestésicos, antibióticos, insulinas y drogas de alta complejidad. Para el aportante, el descuento salarial llega puntual cada mes, pero al llegar a la ventanilla del hospital, la respuesta siempre es “no hay”.
El drama de los pacientes oncológicos
La falta de fármacos de primera línea, como el Trastuzumab, mantiene en zozobra a cientos de mujeres en tratamiento contra el cáncer. A esto se suma la carencia de medicamentos paliativos y de soporte, como el Ácido Zoledrónico, cuyo costo supera los G. 300.000 en farmacias locales, una cifra que no pueden pagar quienes ya enfrentan los gastos de una enfermedad catastrófica.
Lea más: IPS: auditoría confirma “muerte evitable”, negligencia y burocracia mortal
Analía Zogaib, paciente oncológica de la previsional, relató la odisea que viven a diario: “No tenemos medicamentos para nuestros tratamientos. Muchos tenemos que recurrir a la compra en Clorinda, Argentina, porque aquí no hay ni fecha de provisión”.
Zogaib denunció además que la lista de faltantes es interminable e incluye desde Omeprazol y Pregabalina hasta parches de Fentanilo y Letrozol.
Desidia y falta de infraestructura
Los pacientes denuncian que la organización interna del IPS “deja mucho que desear”. La falta de camas y de espacios adecuados para las sesiones de quimioterapia obliga a los enfermos a recibir tratamiento en condiciones deplorables.
“Prácticamente perdés vida antes que ganar salud en este lugar. No sé si es falta de personal, de organización o de ganas de trabajar, pero es la realidad que nos toca vivir”, lamentó Zogaib.