El tradicional evento religioso, artístico y cultural de cada Viernes Santo en La Barraca, ubicada en la compañía Tañarandy del distrito de San Ignacio, en el departamento de Misiones, nació como una actividad familiar y en la actualidad es un atractivo para el turismo interno. Según el relato, el ahora fallecido artista plástico “Koki” Ruiz, tras el reclamo de su madre, decidió organizar con sus hermanos, primos y amigos el evento religioso, que consistía en el rezo de las 14 estaciones del viacrucis.
En la primera ocasión, el recorrido se hizo aproximadamente 300 metros dentro del predio de La Barraca, iluminado con pequeños candiles. Con el paso de los años se convirtió en uno de los principales atractivos, en una manifestación cultural y de fe que se proyecta al mundo desde la pequeña y peculiar comunidad situada en el octavo departamento.
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Norma Fretes, viuda del artista plástico, relató los inicios de este evento de cada Semana Santa, que atrae a visitantes de diferentes puntos del país e incluso del extranjero.
“Esto se inició en 1992. Fue una celebración que nació a partir de una queja de la mamá de Koki. Ella vino a cocinar a La Barraca, donde se preparaba un tradicional karu guasu de Semana Santa de la familia, ya que a Koki le gustaba mucho revivir y mantener la tradición”, relató Fretes.
Por estar cocinando y preparando los diferentes platos, la madre de Koki no pudo asistir al templo para las celebraciones religiosas por la Semana Santa, y en un momento le reclamó a Koki dicha situación.
“Por culpa tuya no me pude ir a la celebración en el templo. Yo quería ir, pero no pude”, le dijo a Koki su mamá. Entonces él le respondió: “No te preocupes, yo voy a organizar una celebración para vos, y así ese año empezamos a preparar algo sencillo”, dijo.
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E hicieron un recorrido de unos 300 metros dentro del patio de La Barraca, rezando las estaciones con su hermano, primos, hijos, amigos y la madre del artista. “Fue una celebración muy improvisada, pero muy sentida”, recordó Fretes.
Norma Fretes señaló que, al concluir este evento familiar, experimentaron una sensación muy especial al poder recrear una tradición heredada de nuestros antepasados. “Estamos en tierra jesuítica, en tierra de las reducciones, y en nuestros pueblos, especialmente en Misiones, la Semana Santa siempre se celebró con velas, cantos y elementos que conservan la herencia de esas tradiciones”, destacó
Siguió relatando que, para el siguiente año, los mismos que participaron dijeron: “Vamos a hacerlo de nuevo”, y así continuaron, luego empezando a hacer algunas investigaciones para saber exactamente cómo se realizaban los candiles de apepu.
Fretes recordó también que, en el tercer año aproximadamente, Koki, en compañía de su amigo Augusto Do Santos, vinieron con una camioneta y un altoparlante a hacer sonar los cánticos de los estacioneros, y nuevamente hicieron el recorrido por el patio de La Barraca.
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“Ya en el cuarto año, la ‘presión’, que a Koki en realidad le gustaba mucho, fue creciendo. Se sumó más gente, más participación, y ya salimos a la calle. Fue entonces cuando llegaron los estacioneros de Luque y de Areguá a acompañarnos y encontraron un evento religioso y popular. Desde entonces, cada año vienen a participar de este evento”, agregó.
Al principio, la procesión era un evento familiar, rezando las estaciones con cánticos y pequeños candiles. Luego, los vecinos de Tañarandy se sumaron en la calle, acompañando a la Virgen Dolorosa en su procesión. Más adelante se integraron los estacioneros y, posteriormente, los cuadros vivientes, que tuvieron un gran impacto.
“Es como vivir la Pasión de Cristo, no desde la lectura o el sermón, sino desde la experiencia directa, desde lo vivencial”, expresó.
Norma Fretes dijo que, tras incluir los cuadros vivientes en la actividad religiosa, el evento se convirtió en una tradición, que creció cada año y convocaba a más visitantes de distintos puntos del país.
Los preparativos comienzan desde las primeras semanas de enero. “Es un evento tradicional que, al inicio de cada año, comenzamos también los trabajos previos para armar todo, y desde el Domingo de Ramos iniciamos con la colecta de los apepu para empezar a armar los candiles, que requieren, como mínimo, unas 15.000 frutas”, acotó Fretes.
De esa forma, un evento religioso familiar del Viernes Santo en Tañarandy en 1992 se convirtió en una actividad nacional e internacional, donde los visitantes cada año pueden apreciar, en la “Tierra de los irreductibles” de Misiones, la conjugación de la religiosidad popular, el arte y la tradición.