El presbítero Pedro Maidana señaló que, con la eucaristía del Domingo de Ramos se recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, donde no ingresa como un guerrero victorioso ni como conquistador sobre un caballo; Cristo Jesús ingresa sobre un asno, simbolizando paz, humildad, sencillez y pacifismo. Ciertamente, fue aclamado como rey, Mesías y Salvador, expresó.
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“Es por ello que los ramos que tienen en sus manos no son un amuleto de buena suerte para espantar a los espíritus, sino que simbolizan que Jesús quiere —o va a— reinar en sus corazones, en sus hogares y familias y, por qué no, en toda nuestra comunidad. La gracia de su amor tiene que prevalecer; es por ello que lo vamos a acompañar en estos días santos en su pasión y muerte, sobre todo en la esperanza de la resurrección, de la que nos hace partícipes a través del bautismo”, dijo el presbítero Maidana.
En otro momento, indicó que Cristo Jesús, desde un inicio, nos ha enseñado el gran amor que Dios nos tiene, ha creído en la gracia y asumió la condición humana para enseñarnos el camino, dando respuesta a nuestras necesidades más profundas. Añadió que la respuesta a tantos males, angustias y dolores es el amor, que implica donación, entrega total de sí e incluso perder la vida.
“En estos días, mediante la meditación, la oración, el encuentro y el compartir, vamos a acompañar a Cristo Jesús. Vamos a demostrar cómo es nuestro amor al Señor, si realmente Él ocupa el centro de nuestra vida, si dirige nuestro modo de ser y de hacer las cosas, lo que determina nuestro estilo de vida. Jesús nos enseñó que no se llega a la gloria con el abuso ni la prepotencia, sino que ha traído la revolución basada en el amor”, reflexionó para finalizar su mensaje del Domingo de Ramos.
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