Funcionarios de la Secretaría Nacional de Cultura llegaron al sitio tras reclamos y publicaciones, pero se limitaron a coordinar tareas básicas para evitar el colapso total. Incluso solicitaron apoyo a la Escuela Taller local.
La intervención se reduce a medidas temporales, mientras el proyecto de restauración integral sigue sin ejecutarse pese a reiterados anuncios oficiales. La urgencia contrasta con la lentitud institucional.
Cynthia Melgarejo, coordinadora del programa Tekorenda, aseguró que el proyecto está concluido y cuenta con recursos, pero depende del Parque Tecnológico Itaipú para el llamado a licitación y adjudicación de obras. La responsabilidad se traslada entre instituciones.
Desde la institución explican que el proceso se retrasa por la dificultad de encontrar empresas especializadas en restauración patrimonial, aunque insisten en que los fondos están disponibles. La burocracia avanza más rápido que las soluciones.
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A más de un año de la firma de convenios y anuncios oficiales, la intervención sigue en etapa administrativa, mientras el edificio colonial continúa deteriorándose en pleno centro de la ciudad. Las promesas se acumulan.
Urgente restauración
El intendente Carlos Quiñónez cuestionó que el apuntalamiento no resuelve el problema de fondo y reiteró la necesidad urgente de iniciar las obras de restauración.
En el interior del edificio, piezas históricas y objetos culturales siguen deteriorándose por las condiciones precarias, afectando el patrimonio sampedrano. La pérdida es progresiva.
La situación refleja una constante: anuncios, convenios y gestiones que no se traducen en obras concretas, mientras la estructura sigue cediendo. El tiempo juega en contra.
Así, la Casa de la Cultura se mantiene entre el olvido institucional y el riesgo de colapso, convertida en símbolo de un patrimonio que resiste más por inercia que por acción estatal.