120 presos fueron contratados para trabajar en la reconstrucción de ex-Tacumbú

Un interno trabaja en la remodelación del Centro Nacional de Prevenidos, ex penal de Tacumbú.

Unos 120 internos fueron contratados por la constructora a cargo de las obras de modernización edilicia del Centro Nacional de Prevenidos. El histórico penal conocido como Tacumbú cambió de nombre, trasladó a sus condenados y busca convertirse en un centro exclusivo para procesados sin sentencia.

En el marco del plan de modernización impulsado por el Gobierno, el ahora rebautizado “Centro Nacional de Prevenidos” ejecuta una renovación edilicia que cuenta con la contratación directa de más de 120 personas privadas de libertad para trabajar en la reconstrucción de su propio espacio de reclusión.

Los internos albañiles fueron incorporados formalmente por la empresa constructora responsable del proyecto. Lejos de las viejas lógicas de explotación, los reclusos se desempeñan como ayudantes en los distintos frentes de la obra. Asimismo, los mismos perciben una remuneración y ganan experiencia laboral.

Esta iniciativa forma parte del programa de adecuación y mejoramiento de la infraestructura edilicia del sistema penitenciario, coordinado por el Ministerio de Justicia.

Obras de remodelación en el Centro Nacional de Prevenidos, antiguo penal Tacumbú, con trabajadores en acción.

Una refacción de punta a punta

Las cuadrillas de internos trabajan actualmente en la refacción completa de los pabellones y las celdas, zonas que arrastraban un deterioro estructural.

El proyecto también pone el foco en la dignidad y la reinserción social, priorizando la remodelación y equipamiento de espacios educativos y aulas, talleres para capacitaciones laborales rápidas, cocina central, comedores y una panadería moderna, además de las dependencias administrativas y áreas de sanidad.

Alrededor de 100 trabajadores realizan tareas de construcción en el Centro Nacional de Prevenidos, donde ahora se busca reducir el hacinamiento.

Para las autoridades judiciales, esta participación funciona como una herramienta de contención psicológica y promueve una cultura de trabajo que facilitarán la posterior reinserción de los internos a la sociedad una vez recuperada la libertad.

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