Unos años atrás la palabra Tacumbú era sinónimo de peligro. Narcos, sicarios, asaltantes, ladrones de todo tipo convivían hacinados en un pequeño espacio que prácticamente se había convertido con el correr de los años y la corrupción de las autoridades en tierra de nadie.

En los pabellones manejados por los mafiosos todo se hacía, todo se vendía e incluso una parte del edificio fue convertida en hotel de lujo para los capos del narcotráfico y otros sectores fueron acomodados para instalar laboratorios clandestinos para el procesamiento de todo tipo de drogas.

Desde Tacumbú, los narcos comenzaron a distribuir estupefacientes a todos los barrios de la capital del país y algunas localidades del departamento Central, por supuesto con la ayuda de algunos guardiacárceles infieles a sus deberes, muchos de estos fueron detenidos por la Policía y la Senad.

Pero en los últimos tiempos, la organización criminal conocida como Clan Rotela, prácticamente se apropió del penal, el líder de la facción Armando Javier Rotela Ayala, transformó uno de los últimos pabellones del penal en su cuartel general.

Desde allí controlaban la venta al menudeo del crack, la cocaína y la marihuana en Asunción, Central, Cordillera y parte de Paraguarí. Pero la situación se agravó cuando estos criminales incursionaron en el rubro del sicariato y comenzaron a ordenar desde la prisión la muerte de personas en Asunción y Central.
El control ejercido en el lugar por Armando Javier Rotela Ayala fue tan fuerte que el mismo director del reclusorio debía consultar con él antes de tomar o de ordenar cualquier determinación.
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Esto obligó a las autoridades la planificación de un operativo para retomar el control del penal, lo que se llevó a cabo en la madrugada del 18 de diciembre del 2023,con la Operación Veneratio.
En aquella oportunidad, unos 1.500 uniformados entre policías militares tomaron el penal y a tiros redujeron a Armando Javier Rotela Ayala, quien fue enviado a la cárcel de máxima seguridad de Emboscada, al igual que sus principales colaboradores.
El gran cambio de Tacumbú
Desde ese momento las autoridades del Ministerio de Justicia enfocaron su atención en la recuperación, la reorganización, la limpieza y también en mejorar la alimentación de todos los internos, cuya cantidad se redujo con los traslados a los diferentes penales que se habilitaron recientemente en varios puntos del país.
Ahora con la administración del director Gustavo Ramón Ferriol Rojas se consiguió el cambio de nombre de Penitenciaría Nacional de Tacumbú, que ahora se llama Centro Nacional de Prevenidos. De los 2.115 internos que tenía el reclusorio, 891 son condenados. De este grupo, 462 ya fueron llevados al penal de Martín Mendoza de Emboscada, mientras los otros condenados que todavía permanecen en el sitio serán trasladados en los próximos días.
Ahora, el Centro Nacional de Prevenidos solo albergará a procesados sin condena.
En el lugar prácticamente todo ha cambiado, las actividades se inician alrededor de las 05:00 con el desayuno en los pabellones, una taza de cocido con un poco de leche y galletas. A las 07:00 se implementa la revisión y el conteo de los internos, la verificación de las celdas.
Al mediodía el almuerzo, ahora con trozos de carne vacuna, o carne molida, también se consume pollo y carne de cerdo, con arroz, fideo o poroto. Lo mismo para la cena. Un punto importante que mencionó el director Ferriol fue que gracias a algunas gestiones se consiguieron alrededor de 280 cajas de banana.
La fruta fue distribuida para la merienda, pero luego como había mucho se hizo mermelada que se distribuye en horas de la tarde entre los internos.
Los reclusos que practican deporte, disponen de tres canchas, las actividades terminan a las 21:00 con el baño y para las 22:00 todos en sus celdas y silencio absoluto, aseguran.
Los pasilleros, con mejor pasar
Anteriormente, unos 500 internos, la mayoría de ellos adictos al crack, recluidos por robos y hurtos, que no tenían celdas y no tenían cabida en los pabellones, no les quedaba otra alternativa que deambular por los pasillos. Por esto se les conocían como pasilleros y vivían amontonados debajo del tinglado principal.
Estos eran víctimas de constantes ataques a golpes y con armas blancas, ya que la única forma de sobrevivencia que tenían era la de robar a los otros detenidos.
Los pasilleros, en general no tienen abogados particulares, general son asistidos por defensores públicos, mucho menos tienen visitas, por lo que aprovechaban los días en que los otros reclusos recibían a parientes y amigos en el patio para robarles sus pertenencias.
Ahora, todos los que eran pasilleros, unos 400 reclusos están acomodados en el pabellón que antes era conocido como “Rancho Alta” con todas las comodidades. Como premio por mantener limpio y ordenado el lugar, a más de cortarse el pelo periódicamente y mantener el aseo personal de cada uno, la dirección del penal les instaló dos televisores plasma de 65 pulgadas y varios ventiladores en el pabellón. Ahora la mayoría pasa el día viendo películas, mencionaron.
Pero, para evitar cualquier tentación, estos permanecen encerrados durante los días de visitas.
Psiquiatría
Actualmente, el pabellón de psiquiatría alberga a 80 personas privadas de su libertad con problemas mentales, estos también reciben los mismos beneficios que los demás y sus correspondientes dulces de banana cada tarde. Al igual que otros 17 contagiados con el virus del VIH, quienes también están acomodados en un pabellón aparte.