La albirroja de la salud que cruza ríos, arroyos como si jugara una final

Lili Arguello y Francisco Javier Domínguez navegan por aguas inundadas para realizar la campaña de vacunación en Costa Pindó.Gentileza

SAN JUAN DE ÑEEMBUCÚ. Con la camiseta de la Selección Paraguaya como bandera de aliento, un equipo de salud de Ñeembucú transforma cada travesía por el arroyo Yacaré en un partido decisivo contra el aislamiento rural.

En cada rincón del país donde el agua se lleva los caminos y la distancia parece marcar diferencia en el marcador de la vida, hay historias que se juegan como si fueran una final de la Selección Paraguaya.

En la zona de Costa Rosado, distrito de San Juan de Ñeembucú, la licenciada en enfermería Lili Arguello no entra a la cancha, pero juega su propio partido todos los días.

Esta vez, el rival fue el imponente y crecido arroyo Yacaré, convertido en una barrera natural por las últimas lluvias que aislaron comunidades enteras.

Pero como en el fútbol, cuando la albirroja entra a la cancha, no hay cansancio que detenga la ilusión.

Con su conservadora de vacunas al hombro, la enfermera de la USF Costa Rosado se remangó los pantalones, dejó el calzado en la orilla y subió a una canoa como quien entra al segundo tiempo de un partido complicado, donde cada metro avanzado vale oro.

La enfermera Lili Arguello aplica la vacuna contra la influenza a una persona mayor, también con la remera de la albirroja en Costa Pindó.

A su lado, el doctor Francisco Javier Domínguez y la agente comunitaria Pabla Coronel completaron el “equipo titular” de la salud rural, demostrando que en este terreno no hay suplentes: todos juegan los 90 minutos, llueva o truene.

La travesía hacia Costa Pindó, en el distrito de San Juan de Ñeembucú, se volvió una especie de eliminatoria sudamericana contra el aislamiento.

El arroyo Yacaré, crecido y desafiante, obligó al equipo a rodear por zonas alternativas, como si el camino fuera una jugada ensayada en tiempo de descuento.

La enfermera Lili Arguello sube en una canoa y se dirige rumbo a Costa Pindó.

Cuando el río sube, no hay otra que buscar la forma. A veces canoa, a veces caballo… pero hoy tocó remar como en un partido difícil”, relató la enfermera, con la serenidad de quien ya conoce estas canchas naturales.

La jornada tuvo algo de estadio emocional, bajo llovizna, frío y caminos convertidos en barro, el equipo avanzó casa por casa con la misma convicción con la que un hincha albirrojo sigue alentando aunque el resultado sea adverso.

Lili Arguello, oriunda de San Ignacio Guazú y con 16 años de servicio, no ocultó su vínculo simbólico con la pasión futbolera: “Me pongo la remera de la albirroja porque te da fuerza, te da energía. Es como entrar a la cancha con todo el país empujando detrás”, dijo.

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