La naturaleza nos ofrece en estos días calurosos una singular belleza de flores, que coronan las frondosas plantas de los lapachos. A primera vista parecen como gigantescos ramos de flores que resaltan entre los árboles.
Los lapachos se levantan en las veredas, otras resaltan en los patios del vecindario, y en conjunto, dan una imagen alegre y diferente al barrio. Algunas de estas plantas, aquellas que crecieron en las veredas, no escapan del salvajismo de la ANDE, que para preservar su tendido aéreo, procede a cercenar las ramas y quedan como Y griega, aún así, florecen a los costados.
En la jerga popular se suele decir, que la floración de los lapachos, anticipan la Primavera, y que ya no habrá días de intenso frío.
El ciclo natural de esta planta hace que en otoño e invierno pierda la totalidad de sus hojas, para luego dar paso a la floración. Para esto también ayuda el veranillo, y en ese ambiente, aparecen las campanillas rosadas, que llegan a su mayor belleza unas dos semanas, para luego caer y marchitarse en el suelo. Una vez terminado este proceso comienza a recuperar su follaje verde que invita a descansar bajo su sombra.
A esta altura del año, también ya florecen los lapachos blancos, la especie albina del rosado. Mirarlos de abajo, tanto al rosado y al albino, y defondo con el azúl del cielo, es realmente maravilloso. Es un espectáculo único, un regalo de la naturaleza que se puede apreciar en la antesala de la Primavera.
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Recorriendo los barrios, también ya se puede apreciar el florecer de algunas plantas de flores amarillo, pero esta especie normalmente llega a su mayor floración en septiembre.
Cambio de temperatura
La sucesión de frío y calor, días nublados y cielos despejados les da mayor profusión.Si en otras latitudes los árboles quedan en ramas desnudas y grisáceas durante todo el invierno, en la nuestra las copas de los lapachos dejan el verde y se visten de color por prodigio de la naturaleza.