Históricamente los Aché abarcaban una franja que comenzaba en el departamento de Caaguazú, pasaba por Guairá hasta Caazapá. Allá por 1950 eran montes.
Ya en época de la dictadura (1954-1989), a la par de la explotación maderera, comenzó la caza de los indígenas aché, que no aceptaban la destrucción de sus montes.
Se defendieron con sus poderosos arcos y flecha, pero los fusiles de los invasores eran más efectivos y poderosos. Además de la madera, las tierras vírgenes, estaban en la ambición de los colonizadores.
Las crónicas de aquellos tiempos indicaban que se organizaban verdaderas cacerías para aniquilarlos.
Margarita Miwuangi (presidenta del Indi, durante el gobierno de Lugo), siendo niña fue vendida como mercadería y una vez adulta, decidió volver a con sus congéneres.
Los ancianos Aché relataban que los cazadores penetraban en los montes y atropellaban a grupos de nativos. Muchos murieron en el lugar, otros escaparon, y los acorralados, trepaban a los árboles como monos para esconderse. Cuando eran ubicados, y al negarse a entregarse, se lanzaban de lo más alto, para morir en el suelo.
Así perdían los montes y su territorio. Marciano Chevugi, nos dijo que esa época eran unos tres mil nativos. Ya en la década de ´60, quienes lograron reagruparse, seguían siendo cazados, esta vez por los pequeños ganaderos. Estos nativos creían que sus animales eran de todos y mataban para alimentarse.
La masacre de los Aché llegó a la Naciones Unidas y esta instancia obligó a la dictadura a encontrar una solución a este drama. Según Chevugi, sus antepasados quedaron diezmados, mucho murieron cazados, otros no se adaptaron a la nueva realidad, y también murieron de gripe.
Comunidades
Hoy son seis comunidades (Chupapou, Ypetimi, Arroyo Bandera, Puerto Barra, Cerro Morotí y Kuetyvy) autoabastecidos, que trabajan y con deseos de superación. Los miembros de esta comunidad no mendigan.
Sus jóvenes estudian y se capacitan, porque la realidad ya es otra, nos dijo Chevugi. Ayer culminaron tres días de celebraciones por el 48° aniversario de Chupapou, un ejemplo de superación, que no escapa a la invasión campesina.