Conversando en los últimos meses con empresarios y líderes de industrias, muchos coinciden —y hasta pareciera que se ponen de acuerdo, pero no— al mencionar con fuerza dos términos que son los grandes ausentes en la fiesta de graduación de Paraguay, hoy con doble “5 felicitado”, y estos son: “reglas claras” y “previsibilidad”.
Suena tan lindo hablar de las bondades, beneficios y ventajas que representa venir a invertir al país —y que de hecho los números así lo respaldan—, pero se nos escapa una realidad pesada y hasta preocupante si es que hacemos alusión a la retención de capital, que hoy más bien se convierte en fuga.
No es la regla, claramente, pero tampoco son una minoría. La semana pasada me comentaban de un proyecto de US$ 2.000 millones que “pudo” quedarse, pero no se quedó en el país, ¿por qué? Exacto. No encontró a “reglas claras” ni a “previsibilidad” en su recorrido.
Si bien es cierto que el Gobierno y entidades encargadas de atraer inversión extranjera están haciendo su tarea (lo vemos de forma nítida a través de los viajes del presidente), viene a mi mente esa frase popular que dice: Y por casa, ¿cómo andamos? No podemos pretender recibir visitas en una casa sucia, desordenada, y sin tener siquiera una silla estable, resistente, para que pueda “sentarse” ese capital que tiene intenciones de quedarse.
No obstante, sucede todo el tiempo y eso es lo verdaderamente inquietante. Decenas de capitales extranjeros de peso se acercan, observan las condiciones del país, su clima de negocios, su estabilidad, su sistema fiscal, su burocracia, su transparencia… y a medida van ahondando en más indicadores, se van encontrando con el polvo debajo de la alfombra, las patas flojas de la silla, la pared mal revocada, platos sucios en el fondo y hasta los yuyos asomando por la ventana.
Ahí es cuando esto se vuelve incómodo: no podemos retener visitas sin la ayuda de los hermanos ausentes. “Reglas claras” es un tipazo, pero muchos lo confunden con un título de libro de finanzas o autoayuda. La realidad es que su rol es clave para saber que lo que hoy te prometen, mañana no va a cambiar por un papel que “faltaba”, por una firma que “todavía no sale”, o por una ventanilla que te pide ir a otra ventanilla, y así incansablemente hasta medir el límite de tu paciencia.
Y “previsibilidad”, bueno, qué podemos decir de un tipo tan humilde. Él lo único que quiere es que se le avise cuándo va a venir la factura de la luz y cuánto es; nada más. No es pedir privilegios: es poder planificar sin jugar a la ruleta con el tiempo, los permisos y las condiciones del partido.
Por eso, ellos tienen que estar para recibir al inversor que viene, que no solo trae plata: trae una agenda, trae contratos, financiamiento, socios, y una reputación que espera mantener. Y cuando el sistema se vuelve impredecible y los hermanos no están, ese capital no discute: simplemente se va. No hace ruido, no da conferencia, no te avisa con una carta emotiva. Simplemente cruza la calle y va al vecino, donde por lo menos, la silla no se tambalea.
De ahí la importancia de contar con buenos anfitriones que limpien, barran, y hasta te preparen un buen tereré. Hoy, “reglas claras” y “previsibilidad” deberían ser el alma de la fiesta, pero están ausentes. Paraguay puede tener doble “5 felicitado”, pero si queremos que esa graduación sea más que un cuadro en la pared, hay una tarea menos glamorosa, menos viajera y mucho más doméstica: ordenar primero la casa.
*Periodista de economía y negocios.