Un contenedor cruzaba el Mediterráneo en quince días, hoy tarda treinta y cuesta el doble. Una guerra arancelaria entre dos potencias mueve la cotización del dólar. Un misil reacomoda el precio del fertilizante que usará un productor de soja.
La cadena de suministro une a Paraguay con el ruido global que hoy obliga a empresarios y trabajadores a gestionar con incertidumbre.
La empresaria y activista social Patricia Dos Santos lo resume sin rodeos en diálogo con ABC Negocios: “Los conflictos geopolíticos afectan la provisión de suministros estratégicos, genera bloqueos logísticos que alteran el funcionamiento del comercio internacional, y las economías que dependen de esos recursos deben reacomodarse rápidamente a nuevas condiciones, casi siempre acompañadas de aumentos en los costos y en los precios de las transacciones”.
Incertidumbre, cautela y ralentización
Dos Santos identifica un patrón claro frente a cada nueva crisis internacional: el sector privado pisa el freno. Para la empresaria, uno de los efectos más complejos de las crisis internacionales es el clima de incertidumbre que se instala en los mercados. “Cuando cambian las condiciones globales, el empresario deja de operar con certezas y comienza a actuar con cautela”.
“La incertidumbre inquieta al empresario, lo saca de la seguridad conocida y lo pone en guardia”, afirmó. En ese contexto, muchas empresas optan por frenar inversiones, postergar decisiones y evitar nuevos riesgos hasta comprender cómo evolucionará el escenario mundial.
Este comportamiento, aunque lógico desde la perspectiva empresarial, tiene consecuencias inmediatas sobre la actividad económica. La ralentización de proyectos y la paralización de inversiones generan una disminución del movimiento comercial y financiero, afectando especialmente al mercado laboral.
El empleo, la primera víctima
Dos Santos señaló que todos los mercados terminan afectados por la inestabilidad global, pero que el impacto más sensible se observa en el empleo. Para países como Paraguay, donde gran parte de la economía depende de las exportaciones y de la estabilidad regional, cualquier alteración internacional repercute rápidamente en las oportunidades laborales.
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“El temor a lo que se viene hace que las empresas se enlentezcan en sus procesos de decisiones y los proyectos se paralicen”. Esta situación provoca que muchos trabajadores dejen de avanzar profesionalmente y, en los casos más críticos, pierdan sus fuentes de ingreso.
Para Patricia Dos Santos este tipo de escenarios representan un retroceso económico porque afectan componentes esenciales del crecimiento, como la generación de empleo, el consumo, las inversiones, las ganancias y el desarrollo de nuevos proyectos.
Paraguay frágil ante cambios que no controla
Según Dos Santos, la vulnerabilidad de Paraguay frente a las crisis internacionales se debe a su perfil exportador. “Cuando existen conflictos o restricciones globales, las economías que dependen del comercio exterior sufren con mayor intensidad las consecuencias”.
De acuerdo a la empresaria, algunas industrias internacionales logran beneficiarse en tiempos de crisis porque producen bienes cuya demanda aumenta en contextos de inestabilidad.
Esta realidad deja al país en una posición más frágil frente a los cambios globales, obligándolo a adaptarse constantemente a condiciones externas sobre las que tiene poco control.
Además de los conflictos geopolíticos, también se refirió a las barreras arancelarias y comerciales que aplican algunos países para proteger sus mercados internos. Dos Santos sostiene que muchas veces estas medidas se presentan como exigencias técnicas o controles especiales, aunque en realidad funcionan como mecanismos de protección económica.
A criterio de la empresaria, estas políticas generan efectos similares a los provocados por las tensiones geopolíticas, ya que dificultan el comercio, encarecen las operaciones y limitan las oportunidades de crecimiento para países exportadores.
No obstante, Dos Santos marca una diferencia: “mientras las crisis geopolíticas suelen ser impredecibles, las barreras arancelarias son más permanentes y previsibles, lo que obliga a las empresas y economías a convivir con ellas durante largos períodos”.
Para Dos Santos, el mundo atraviesa un proceso de transformación constante en el que las reglas comerciales y económicas cambian. Frente a ese escenario, considera fundamental que Paraguay fortalezca su capacidad de adaptación, minimizar riesgos y proteger a empresas y trabajadores.
Impacto en insumos estratégicos, inversión y cotización
Por su parte, para el economista Jorge Garicoche las tensiones geopolíticas internacionales están generando fuertes impactos en la economía global, principalmente por el incremento de los costos logísticos y la inestabilidad en los mercados. “Conflictos en zonas estratégicas como el Mar Negro, el Mediterráneo y el estrecho de Taiwán afectan directamente el transporte y la circulación de mercancías a nivel mundial”.
Garicoche sostiene que las tensiones bélicas provocan movimientos de capitales que terminan influyendo en la cotización de las monedas y en las tasas de interés. A esto se suma la menor disponibilidad de productos como el petróleo y el gas licuado, cuyos aumentos repercuten en combustibles, fertilizantes y cadenas de producción alimentaria.
Paraguay cuenta con ventajas importantes por su perfil exportador de alimentos y por el crecimiento de la maquila. Para Garicoche, el esquema de “nearshoring” favorece procesos productivos más cortos y competitivos, permitiendo al país ganar espacio en la industria regional y en las exportaciones.
El diagnóstico que emerge del cruce entre Dos Santos y Garicoche es exigente, pero no fatalista. Las crisis geopolíticas seguirán moviendo costos, monedas y decisiones. Las barreras arancelarias se consolidarán como parte del paisaje. Paraguay, atado a ese viento, deberá elegir entre soportar la sacudida o aprender a navegarla. Adaptarse, diversificar y anticipar: tres verbos que pasaron de estrategia a condición de supervivencia.