En Paraguay solemos pensar que las finanzas personales son un asunto privado, casi doméstico. Pero la forma en que consumimos, gastamos, nos endeudamos y ahorramos, termina moldeando los precios, la morosidad y hasta la manera en que la sociedad percibe la economía del país.
El problema es que muchas veces nos ilusionamos con decisiones financieras que parecen inteligentes en el corto plazo, pero que en realidad no lo son y terminan encareciendo nuestras vidas. En otras palabras, vivimos permanentemente tratando de mejorar nuestra situación económica sin detenernos a evaluar el efecto verdadero de nuestras decisiones financieras.
De lo que venimos hablando, la primera gran ilusión es la de los “descuentos”, muchas personas organizan sus compras esperando el reintegro de una tarjeta o la promoción del fin de semana, convencidas de que están ahorrando. Pero en numerosos casos ocurre algo evidente: los precios permanecen elevados gran parte del tiempo y luego y luego “por arte de magia aparecen rebajas del 10%, 20%, 30% e incluso 50%” en el día del descuento o con el reintegro de turno. “Duele pinchar el globo”, pero en economía no existe el almuerzo gratis, lo terminas pagando directa o indirectamente ya sea mediante sobreprecios previos, comisiones y también aumentos de precios que se trasladan al cliente para más adelante.
Solo la competencia de mercado genera precios bajos todos los días, por lo que el ahorro depende de tus hábitos y no de las “promociones”.
Otra práctica muy extendida es comprar pensando únicamente en la “cuota”, no se mira el precio final del producto, sino cuánto debería pagar a fin de mes; de esta manera, un electrodoméstico, un celular o incluso un vehículo se termina adquiriendo por una suma mucho mayor de la que realmente vale. La cuota pequeña puede ser “psicológicamente tranquilizadora”, pero económicamente irracional, por ello, en muchos casos resulta más conveniente pagar al contado, negociar descuentos o buscar alternativas de financiamiento más baratas que las ofrecidas por el comercio.
Cuando dejamos de mirar el precio total y solo observamos la cuota mensual, perdemos capacidad de decisión y terminamos pagando lo que más le conviene al comercio y no lo que más nos conviene a nosotros.
También existe una peligrosa tendencia a pagar productos usados como si fueran nuevos, es común dejarse llevar por la apariencia del producto o por el discurso del vendedor: un auto, un electrodoméstico, un celular o una prenda “bien presentados o hermoseados”, sin considerar su antigüedad, su desgaste real y la depreciación de mercado.
Aunque nos vendan la idea contraria todo producto usado tiene mayor riesgo de falla, menor vida útil y menor valor de reventa. Más temprano que tarde se tendrá que pagar por ello. Para compensar esa característica un producto usado debería costar entre 40% y 60% menos que uno nuevo equivalente, caso contrario es más conveniente comprar uno nuevo.
Finalmente, uno de los errores más comunes y probablemente el más grave es creer que ahorrar es imposible porque “no sobra el dinero” o porque siempre habrá alguien dispuesto a prestar/ayudar. Esta lógica, aunque parezca normal, te está generando dependencia financiera y vulnerabilidad permanente.
El ahorro no es lo que queda al final del mes, debería ser una prioridad. Sin ahorro, no hay inversión, no hay respaldo ante imprevistos ni posibilidad real de construir patrimonio (al menos que ganes la lotería o heredes riqueza por generaciones).
Las finanzas personales no son un tema menor: son la base sobre la cual se construye toda la economía de un país, y tal vez el desafío más importante no sea solo ganar dinero, sino aprender a tomar mejores decisiones financieras todos los días, donde la pregunta inevitable sería: ¿hasta qué punto las condiciones del mercado paraguayo están realmente pensadas para favorecer la libertad económica de las personas o terminan respondiendo principalmente a quienes tienen mayor influencia económica?
*Analista financiero.