Hace apenas doce meses, el país cerraba mayo de 2025 con un balance negativo de US$ 241,2 millones en su balanza comercial. Este año, el mismo mes cerró con US$ 191,7 millones a favor. La diferencia, más de US$ 430 millones, resume el giro que atraviesa el comercio exterior paraguayo.
Los números del Banco Central del Paraguay (BCP) muestran que las exportaciones totales alcanzaron US$ 7.910,6 millones entre enero y mayo, un incremento de 16,4% frente al mismo período de 2025.
El dato relevante para el sector productivo, sin embargo, no es solo el volumen, sino su composición: las exportaciones registradas —las vinculadas directamente a la producción nacional, sin contar reexportaciones— crecieron 18,3%, por encima del promedio general.
Ese matiz importa. Indica que el impulso no vino de mercadería de paso, sino de fábricas, campos y frigoríficos paraguayos vendiendo más al mundo.
Superávit con matices
El resultado agregado, con todo, esconde trayectorias muy distintas según el rubro. Mientras la soja y la industria manufacturera empujaron el crecimiento con fuerza, la carne y la energía eléctrica jalaron para abajo. Es la primera gran señal de un patrón que se repite en casi toda la economía paraguaya reciente: el país exporta más, pero no todos los sectores navegan la misma marea.
Las reexportaciones, que representan cerca de 27% del total, aumentaron 14%, mientras que otros rubros menores subieron 5%. Argentina se consolidó como el principal destino, con 43,2% de participación y US$ 2.323,4 millones, seguida por Brasil, con 25,9% y US$ 1.391,3 millones.
La soja, otra vez arriba
El motor de siempre volvió a acelerar. Las exportaciones de soja treparon 48,4% interanual y superaron los US$ 1.940 millones, equivalentes a un 38% de todo lo que Paraguay vendió al exterior en el período. Detrás del salto hay una cosecha récord y una recuperación de rendimientos tras un ciclo climático más benigno.
Gracias a ese desempeño, los productos primarios en conjunto crecieron 40%. La campaña 2025/2026 viene mostrando resultados auspiciosos en casi todo el país, con una recuperación generalizada de rendimientos incluso en zonas que en ciclos anteriores sufrieron mermas reiteradas, según reportó la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (Cappro) en sus informes de campaña.
El propio gremio advierte, no obstante, sobre un riesgo estructural: más de la mitad de la soja paraguaya sigue saliendo del país sin procesar, principalmente hacia Argentina. Esa dependencia de un solo destino y de la venta de materia prima sin valor agregado es, para el sector, el próximo desafío de la cadena sojera.
Industria: el salto que sorprendió
Si la soja fue la protagonista esperada, la industria fue la sorpresa. Las manufacturas de origen industrial (MOI) crecieron 32,3% y las exportaciones bajo el régimen de maquila subieron 30,7%, ambas alcanzando niveles históricos.
Para el Ministerio de Industria y Comercio (MIC), el dato confirma un proceso de diversificación que viene ganando terreno año tras año. El régimen de maquila —hoy responsable de cerca de 70% de las exportaciones industriales del país— se apoya especialmente en autopartes, alimentos procesados y confecciones, y ya genera más de 35.000 empleos directos formales.
El ministro de Industria y Comercio, Marco Riquelme, resume el cambio de fondo que busca instalar la actual gestión. “Terminaron aquellas épocas donde si llovía bien, Paraguay crecía, y donde si no llovía, Paraguay no crecía”.
Las nuevas inversiones industriales, especialmente de capital brasileño, seguirán ampliando la capacidad productiva del país durante el segundo semestre, anticipan desde el Gobierno. La instalación de plantas de rubros diversos —desde autopartes hasta alimentos y confecciones— es, para las autoridades, el correlato concreto de esas cifras macro en el territorio.
Carne y energía, a contramano
No todos los rubros acompañaron la tendencia. Las exportaciones de carne y menudencias cayeron 15,1% y las de energía eléctrica, 17%, los dos únicos grandes componentes que restaron al resultado agregado.
En el caso de la carne, la explicación oficial apunta a una corrección después del récord histórico de 2025 y a una menor disponibilidad de ganado para faena este año. La foto completa, sin embargo, matiza la lectura negativa: el precio promedio de exportación trepó a niveles no vistos en cinco años, lo que amortiguó buena parte de la caída en volumen.
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El sector cárnico funciona, en rigor, como un termómetro de los precios internacionales. Paraguay exporta cerca de dos tercios de toda la carne bovina que produce, lo que lo posiciona entre los principales exportadores mundiales y lo convierte, según la Cámara Paraguaya de Carnes (CPC), en un país tomador de precios: las cotizaciones externas se trasladan de forma directa tanto al valor del ganado en gancho como a los precios que paga el consumidor local.
Esa misma lógica es la que explica por qué, pese a exportar menos kilos, el sector logró sostener buena parte de sus ingresos en dólares.
En cuanto a la energía eléctrica, la caída no responde a menor generación, sino a un mayor consumo interno, empujado por el propio crecimiento económico y la expansión de la actividad industrial que, en otro capítulo del mismo informe, aparece como una de las noticias positivas del semestre.
El guaraní, el otro protagonista
Detrás de las cifras sectoriales hay un factor transversal que golpeó los márgenes de buena parte de los exportadores: el tipo de cambio. La apreciación del guaraní frente al dólar durante gran parte del año redujo la rentabilidad de quienes tienen costos en moneda local e ingresos en dólares, una ecuación especialmente sensible para el agro y la industria exportadora.
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Las proyecciones oficiales anticipan mayor estabilidad cambiaria para el segundo semestre, lo que podría aliviar ese frente. A eso se suma la hidrovía Paraguay-Paraná, que comenzó el año con bajantes que generaron demoras y sobrecostos logísticos, pero normalizó su navegabilidad y ayudó a sostener el repunte exportador desde marzo en adelante.
Industrialización, calidad y logística para sostener la subida del comercio
Con la primera mitad del año cerrada, el Gobierno afina la estrategia para el resto de 2026. El plan oficial se apoya en tres pilares. El primero es profundizar la industrialización, vía maquila, parques industriales y nuevas actividades ligadas a la economía del conocimiento. El segundo busca fortalecer la calidad y la certificación sanitaria de los productos paraguayos para abrir mercados más exigentes. El tercero apunta a mejorar la logística, diversificar destinos y posicionar a Paraguay como proveedor confiable de alimentos y manufacturas.
A eso se suma una agenda pendiente que el propio sector privado reclama: reducir la informalidad, combatir el contrabando y la corrupción, agilizar los trámites aduaneros y garantizar energía competitiva para la industria.
Las perspectivas oficiales para el segundo semestre siguen siendo favorables, aunque con matices. El ritmo de crecimiento podría moderarse porque el grueso de la comercialización de soja se concentra en el primer semestre.
Para compensar, el Gobierno apuesta a que derivados de la soja, maíz, biocombustibles, alimentos procesados y manufacturas industriales mantengan el impulso, de la mano de nuevas inversiones que continuarían instalándose en el país.
Entre los riesgos que las propias autoridades reconocen figuran la evolución del tipo de cambio, las condiciones climáticas, los precios internacionales de los commodities y la situación logística regional. Ninguno es nuevo, pero todos están más presentes que nunca en la hoja de ruta de un modelo exportador que, a mitad de año, ya mostró que puede crecer con más industria y menos dependencia del clima.