La automatización gana terreno en la industria maquiladora paraguaya, aunque todavía está lejos de representar una amenaza para el empleo. Avanza de forma progresiva y transforma la naturaleza de las tareas antes que eliminar puestos, según Jorge Bunchicoff, presidente de la Cámara de Empresas Maquiladoras del Paraguay (Cemap). “La tecnología está entrando en nuestras plantas de manera progresiva, no como una ola que arrasa, sino como una corriente que va encontrando su cauce”, explica el dirigente.
El ejemplo que más cita es Blue Design America (BDA), maquiladora textil de gran escala que ya incorporó máquinas inteligentes en procesos de corte, lavado y control de calidad. La modernización optimizó tareas repetitivas, pero la intervención humana sigue siendo indispensable. “El ojo humano, la sensibilidad para el detalle y la decisión final siguen siendo insustituibles. Con la tecnología no se puede pelear porque avanza, pero las personas siempre hacen la diferencia”, afirma.
Transformación, no reducción
Bunchicoff evita presentar la automatización como una amenaza. La lee, más bien, como una evolución natural de la industria. “Prefiero ver a la automatización como una transformación antes que como una amenaza”.
Reconoce que algunos puestos operativos tradicionales tenderán a reducirse, pero aparecen en paralelo nuevas oportunidades ligadas a perfiles técnicos: mantenimiento industrial, programación de maquinaria automatizada y control digital de calidad. Para el dirigente, el debate no pasa por cuántos empleos desaparecerán, sino por cómo evolucionan las competencias que pide la industria.
De cara a los próximos cinco a diez años, descarta un escenario de reemplazo masivo.
“Una proporción importante de los puestos operativos más básicos cambiará de forma o de contenido. No hablo de desaparición masiva, sino de evolución del perfil laboral”, explica.
Capacitar es la inversión que no se ve
Para Bunchicoff, el verdadero desafío es preparar al capital humano para convivir con tecnología inteligente, y eso ya no se resuelve solo con formación técnica. “Necesitamos formación en mantenimiento de máquinas, lectura de datos y control digital de calidad, pero también formar la mente para el cambio”.
El dirigente ubica esto dentro de un cambio de paradigma más amplio en materia de competitividad. Durante años, Paraguay atrajo inversiones sobre todo por el bajo costo laboral; esa ventaja, sostiene, ya no alcanza por sí sola. “Si las empresas empiezan a decidir dónde invertir en función de la eficiencia tecnológica, la infraestructura y la estabilidad, tenemos que fortalecer esos factores”, manifiesta.
Entre las fortalezas del país menciona energía limpia disponible, estabilidad macroeconómica, marco jurídico previsible, buena conectividad y mano de obra cada vez mejor capacitada. Observa, además, que los nuevos proyectos llegan con procesos automatizados desde el inicio.
“Nadie invierte hoy sin pensar en eficiencia. No creo que eso implique contratar menos personas, sino contratar personas con otro tipo de formación. Ahí está la oportunidad para Paraguay”.
Tres actores, un mismo desafío
Bunchicoff insiste en que ninguna institución puede afrontar sola esta transformación: hace falta una articulación permanente entre Estado, empresas y sistema educativo.
“El Estado debe generar el marco adecuado e incentivar la inversión; las empresas tienen que seguir capacitando a su gente y compartir experiencias, mientras que el sistema educativo debe actualizar sus programas con la velocidad que hoy demanda la industria”, afirma.
Un motor que ya no es solo textil
El sector superó los US$ 1.300 millones en exportaciones durante 2025 y genera más de 35.000 empleos formales, uno de los pilares del desarrollo industrial paraguayo. El impulso continúa: según cifras oficiales, las exportaciones del régimen crecieron 26% en el primer bimestre de 2026 frente a igual período de 2025, con envíos mensuales que ya rondan los US$ 134 millones.
A la tradicional industria textil se suman hoy autopartes, confecciones de mayor complejidad, manufacturas de plásticos, aluminio, productos químicos y servicios industriales especializados.
A ese impulso se suma un cambio normativo: el Poder Ejecutivo ya reglamentó la Ley N.º 7547/2025 “Del Régimen de Maquila”, que según Bunchicoff aporta mayor previsibilidad para los inversionistas, fortalece los mecanismos de control y eleva los estándares operativos del sector.
Con exportaciones en alza, una ley recién reglamentada y una automatización que avanza sin arrasar, la maquila paraguaya enfrenta el mismo dilema que buena parte de la industria global: no es una cuestión de resistir el cambio tecnológico, sino de llegar primero con la gente preparada para operarlo.