En una sala de Directorio, entre carpetas y proyecciones financieras, hay una escena que Techi Velilla conoce bien: la de ser, durante años, la única mujer sentada a la mesa. De esa experiencia nació una convicción que hoy guía cada decisión que toma: el poder no vale nada si no se comparte.
Velilla construyó una trayectoria de más de cuarenta años vinculada al sector financiero, el desarrollo institucional y organizaciones de impacto social. Ocupó posiciones ejecutivas y de conducción en instituciones privadas y públicas. Actualmente acompaña procesos de gobernanza y toma de decisiones desde directorios y consejos estratégicos.
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Liderar desde la confianza
Uno de sus principales aprendizajes fue entender que la autoridad formal no alcanza para liderar. “El liderazgo se construye a partir de la confianza”, sostiene. Trabajar en espacios con pocas mujeres en posiciones de decisión y empujar iniciativas que cuestionaban paradigmas le dejó una mirada centrada en escuchar, formar equipos y construir consensos.
130.000 nuevas puertas al sistema financiero
Uno de los resultados más concretos de su gestión es un programa que llevó a 130.000 personas al sistema financiero formal, de las cuales 56.000 fueron mujeres de bancas comunales. La estrategia expandió los servicios financieros hacia pequeños y medianos productores de zonas rurales donde antes no existían.
El impacto se vio en las comunidades: mujeres rurales que fortalecieron sus emprendimientos, generaron ingresos propios, invirtieron en la educación de sus hijos y se convirtieron en referentes locales. Para Velilla, esa experiencia confirmó una idea central de su carrera: las organizaciones dan lo mejor de sí cuando ponen a las personas en el centro.
Aprender fuera del aula
La formación académica fue clave para entender la complejidad de las organizaciones y decidir con más criterio. Pero, aclara Velilla, algunas de las lecciones más valiosas llegaron del contacto directo con las comunidades y del trabajo con equipos diversos. “La formación abre puertas, pero la capacidad de seguir aprendiendo y la escucha permanente” son las que mantienen vigente a un líder, afirma.
Ampliar la mesa
Para Velilla, las mujeres todavía enfrentan barreras distintas para llegar a posiciones de decisión, aunque el escenario actual es más favorable que hace algunas décadas. Persisten sesgos culturales, una distribución desigual de las responsabilidades familiares y la exigencia constante de demostrar capacidades ya probadas. Su mirada, sin embargo, va más allá del acceso individual: “Liderar no consiste en ocupar una silla, sino en ampliar la mesa”.
De cara al futuro, identifica cuatro capacidades esenciales para liderar: adaptación, aprendizaje continuo, construcción de confianza e integridad. Cree que el liderazgo estará cada vez menos asociado al control y más a la capacidad de movilizar personas, generar colaboración y construir instituciones resilientes. “Las organizaciones necesitan líderes que piensen en resultados, pero también en legado”, afirma.
El consejo para las que vienen
A las nuevas generaciones, Velilla les deja un consejo directo: no esperar a sentirse completamente preparadas para asumir nuevos desafíos.
Recomienda invertir en formación, construir redes de confianza, cuidar la credibilidad y mantener viva la curiosidad. Para ella, el liderazgo no es una carrera por acumular poder, sino una oportunidad para crear valor, abrir caminos y dejar organizaciones mejores de las que se encontraron.
“El verdadero legado de un líder no se mide por el cargo que ocupó, sino por las oportunidades que ayudó a crear para los demás”, resume Velilla.