Le gusta trabajar en el sector rural y agrícola, inspirada por su madre, Elva Colarte, quien siempre la acompañó y le inculcó mirar más allá, comprender las necesidades rurales y –en especial– a las mujeres jefas de hogar. Nació en Itacurubí del Rosario, en el departamento de San Pedro. “Vine a estudiar a la capital gracias a la vida y a mi madre, que me dieron la posibilidad de capacitarme”, menciona. Es licenciada en Ciencias Contables por la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”, donde también obtuvo un máster en Administración de Empresas.
Empezó muy joven a trabajar, con responsabilidad y sin olvidar dónde nació; sus orígenes están muy presentes, así como la problemática rural, las necesidades de los chicos del campo y de las mujeres, que son su fuente de inspiración. Desde su alto cargo directivo en Financiera El Comercio, trabaja en un programa de responsabilidad social empresarial en bancas comunales. El mismo obtuvo un premio de la Asociación de Empresarios Cristianos (ADEC). Casada desde hace 28 años con Pablo Velilla, se declara formal en su manera de vestir y en su desempeño, porque gran parte del día está en la oficina; en la intimidad es hogareña y le gusta usar jeans y ropa artesanal paraguaya, de la que es fanática.
¿Cuál es su misión y objetivo laboral?
La misión es trabajar para que todas las personas y empresas, especialmente las de menores ingresos, accedan a más y mejores servicios financieros y no financieros, mediante la innovación y eficiencia, contribuyendo a la reducción de la pobreza en el Paraguay. Ofreciendo una sostenida rentabilidad financiera y social a nuestros depositantes, colaboradores y accionistas.
¿Qué es lo más importante que les inculcó a sus hijos?
A mis tres hermosos hijos, Paula María (27), Diego Jesús (24) y Guillermo Jesús (23), les inculqué el amor a su país, que sean buenas personas, a aprovechar la oportunidad que les da la vida de capacitarse, pero siempre con responsabilidad. Tienen que mirar un poco más allá de lo que ellos mismos puedan recibir; esa es la filosofía de vida con que mi madre me ha criado.
¿Qué significado tiene este premio de la ADEC? Es un premio para los 850 colaboradores que prestan servicios en esta financiera, que, además, aportó un emprendimiento que ya dio la posibilidad de crecer a más de 20.000 personas. Veo lo que pasa en el país y sé que no todo el mundo tiene las mismas posibilidades. Hay que trabajar en eso, y ello fue lo que nos motivó a hacerlo desde hace 24 años con las microfinanzas, especialmente orientadas al sector rural y agrícola. Hemos aprendido con la gente de campo a llevar adelante el trabajo. Somos pioneros en América Latina en crear una tecnología del microcrédito rural y agrícola, que en ese entonces no era conocida. Gracias a la conexión con una ONG, Acción Internacional, desarrollamos una tecnología que nos permitió llegar a lugares recónditos del Paraguay y dar financiamiento a pesar del alto riesgo que significaba eso. ADEC premió al Programa de Inclusión Financiera de Bancas Comunales, que se inició en octubre de 2008 en alianza estratégica con la organización humanitaria Plan Internacional, que trabaja con personas de escasos recursos de la zona rural.
¿Cuál es el aporte de una banca comunal? Una banca comunal es un grupo de apoyo mutuo de gente que vive en la pobreza, compuesto por 20 a 30 miembros, mayoritariamente mujeres, unidas en un pequeño banco. El programa apunta a mejorar el nivel de vida de las familias participantes, sin descuidar la sostenibilidad metodológica y financiera. Los componentes básicos de las bancas comunales son el incentivo al ahorro, al préstamo, el apoyo mutuo y el fortalecimiento.
¿De qué se trata esta tecnología? Es diferente un crédito que se le puede dar a una persona asalariada o que tiene un respaldo de una finca, que es sujeto de crédito, con relación a la tecnología que uno tiene que crear para personas que nunca fueron bancarizadas. No es lo mismo lo que aplica un banco convencional a la tecnología que se aplica en microfinanzas. Llegamos a la base de la pirámide, hablamos de la inclusión para que puedan ser sujetos de crédito, para que puedan ahorrar, tengan un acompañamiento mejorando sus actividades, hagan mejor las cosas y puedan responder al crédito. Estas bancas comunales, que hoy tienen bastante éxito, operan con personas que se dedican a la ganadería, también con una modista o una tejedora de ñandutí. Es muy diferente dar un crédito a alguien que posee cinco vacas o tres chanchos, que otorgárselo a quien cuenta con una hectárea de sésamo o un negocio diversificado; el análisis es otro. Es la diversificación del riesgo y la tecnología crediticia.
¿Quiénes forman los grupos con los que operan? Trabajamos con aquellas mujeres, especialmente de escasos recursos, que no tienen posibilidades de acceder a un crédito. Las orientamos en materia de asociatividad, en empoderamiento, y las hacemos sentir útiles, capaces de salir adelante por sus propios esfuerzos. Este producto habla de inclusión con responsabilidad; se les acompaña y enseña; les damos la oportunidad de desarrollar ese potencial que todos tenemos. Hace tres años, de la mano de Plan Internacional, fue un sueño atender a cinco mil mujeres, pero hoy ya estamos atendiendo a 20.000. Nuestras metas son ambiciosas; queremos llegar a 50.000 mujeres.
Teresa insta a que la gente se capacite para alcanzar la igualdad de oportunidades. Anhela que se rompa ese círculo vicioso y se cree un círculo virtuoso, en el que el hijo de una microempresaria de Yuty, por ejemplo, pueda soñar con ser algún día un profesional, o un político con responsabilidad.
“Vine a estudiar a la capital gracias a la vida y mi madre, que me dieron la posibilidad de capacitarme”
Mujer paraguaya
A Teresa, Techi para sus amigos, le fascina el tono blanco. Viste siempre trajes, de faldas o pantalones; lo importante es que se sienta cómoda, afirma, y ser ella misma. Como accesorio elige unos aros de perlas, algo pequeño. La alta ejecutiva es muy sensible ante las diferencias, ante la falta de oportunidades y la desigualdad. “Un tema que me impacta, me preocupa y me ocupa”, señala. Refiere que está muy dedicada a su trabajo, y que la mujer paraguaya tiene fortaleza y perseverancia: “La mujer tiene que ejercer su rol de madre, esposa, ser responsable y ser sensible ante los problemas, ella es muy compañera”. Cree en un ser superior que le da mucha fuerza y la acompaña en los momentos difíciles. “Me emociona recordar a mi madre, que ahora está con sus años y problemas de salud, cómo años atrás nos crió prácticamente sola; fue una madre ejemplar, con valores, muy solidaria, que ayudó a la gente con un amor muy grande hacia su comunidad”.
Texto || mirtha@abc.com.py
