19 de junio de 2026

Cada vez hay más sed de estar a la vanguardia. Y, en las últimas semanas, Paraguay fue host de múltiples espacios vinculados a innovación, startups, eCommerce, liderazgo y transformación digital. Distintos escenarios, distintas industrias y conversaciones diferentes entre sí, pero hubo algo que se repitió en todos: No era solamente la IA, sino la sensación de velocidad. La percepción de que todo está cambiando más rápido de lo que muchas organizaciones están preparadas para gestionar.

La consultoría empresarial se ha centrado en desmantelar el sesgo, una desviación predecible y sistemática en la toma de decisiones que lleva a favorecer la información que confirma creencias. Sin embargo, un enemigo más costoso que acecha las salas de directorio y los despachos es el ruido, definido por el premio Nobel Daniel Kahneman como la variabilidad indeseada en el juicio humano.

Verónica Dobronich, docente y consultora en inteligencia emocional, liderazgo y gestión del cambio cultural, considera que el camino para llegar a CEO se inicia con dejar el ego, haber pasado por la trinchera, haber subido al balcón para mirar la organización, convertirse en un integrador de todas las áreas y dejar de medir el éxito únicamente en términos de resultados inmediatos, sino en pensar en términos de sostenibilidad, cultura y propósito.

Lejos de ser una señal de debilidad, la vulnerabilidad se consolida como una herramienta poderosa para liderar en tiempos de incertidumbre. En este artículo, se plantea por qué mostrarse humano, admitir errores y gestionar desde la empatía puede fortalecer el respeto, la conexión emocional y la confianza dentro de los equipos.

Aunque muchos atribuyen el éxito de la calidad japonesa a su cultura, se demuestra que el verdadero factor transformador es el liderazgo. A través de una experiencia reveladora en Japón y un ejemplo inspirador en Paraguay, se invita a repensar el impacto que tiene cada líder en la construcción de una cultura organizacional sólida y sostenible.

¿Por qué hacemos lo que hacemos? Esta pregunta, esencial y movilizadora, nos impulsa a mantener un enfoque constante. Cuando el propósito individual se alinea con el propósito empresarial, la organización experimenta una transformación mágica, donde el trabajo se convierte en fuente de satisfacción y bienestar.