Un frigorífico despacha carne rumbo a Chile. Un camión con soja cruza hacia Argentina y autopartes salen rumbo a Brasil.
En 2025, esas postales se repitieron a buen ritmo y en lo que va del 2026 siguen al alza (+24.7%): las exportaciones paraguayas sumaron a agosto de este año US$ 14.025 millones, según el Banco Central del Paraguay (BCP). Los datos muestran avances y también los límites de esa diversificación y la urgencia de la industrialización.
Crece cinco veces
En veinte años, las exportaciones crecieron casi cinco veces: de US$ 3.423 millones en 2005 a US$ 16.720 millones en 2025. El año pasado todavía quedaron 3,4% por debajo del récord de 2023, de US$ 17.312 millones, según el BCP.
La economía se expandió 6,6% en 2025 y el Growth Lab de la Universidad de Harvard reconoce el avance: Paraguay subió posiciones en una década en el Índice de Complejidad Económica (ICE), que mide qué tan variado y sofisticado es lo que un país exporta, y proyecta un crecimiento del 3,6% anual hasta 2034.
Paraguay se ubica en el puesto 94 en el ranking global del ICE de 145 países, registrando 17 nuevos productos agregados a su oferta exportable en los últimos 15 años.
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Según el Growth Lab de la Universidad de Harvard, el crecimiento económico de un país se impulsa mediante la diversificación hacia nuevos productos cada vez más complejos y Paraguay incorporó 17 nuevos productos desde 2009, contribuyendo con US$ 124 al ingreso per cápita en 2024. Si bien Paraguay ha diversificado su economía con 17 nuevos productos, su volumen es demasiado pequeño para generar un crecimiento sustancial del ingreso.
Uruguay, por su parte, registró 11 nuevos productos, contribuyendo US$ 171 per cápita y US$ 851 millones al total de las exportaciones; en Argentina, 8 productos aportaron US$ 412 per cápita y US$ 19.400 millones de exportaciones, y en Brasil, 5 productos generan US$ 3 al PIB per cápita y US$ 539 millones al total.
El informe advierte que la estructura productiva sigue siendo menos compleja de lo que se podría esperar por el nivel de ingresos de Paraguay (81 entre 145 países). Con datos de 2024 del Atlas de la Complejidad Económica, Paraguay marca -0,56, por debajo de Uruguay (-0,22), Argentina (-0,41), Chile (-0,44) y Brasil (-0,52).
Falta inversión
La primera brecha es de dinero. Paraguay invierte 0,12% del PIB en I+D (dato de 2022) y ocupa el puesto 103 de 139 en el Índice Global de Innovación 2025. Según el BID, las empresas destinan 79,5% de su gasto en innovación a comprar maquinaria y solo 2,4% a generar conocimiento propio.
El financiamiento tampoco acompaña. La industria pesa cerca del 32% del PIB, pero recibe apenas 7,5% del crédito bancario, y es crédito de corto plazo para capital de trabajo, según el ministro Marco Riquelme.
El Gobierno busca hacer algo. El 17 de septiembre de este año presentó “Paraguay Industrial”, una línea de US$ 100 millones con créditos de hasta US$ 2,5 millones por empresa, 15 años de plazo, tres de gracia y tasas de 10,5% en guaraníes y 8,5% en dólares, más un fondo de garantía (Fogain).
La previsibilidad también cuenta. La Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) aclaró que no hay una propuesta oficial para subir el tributo único de la maquila de 1% a 3%, pero la versión bastó para inquietar al sector. “La incertidumbre tiene un costo, y ese costo ya lo estamos pagando”, dijo a ABC Jorge Bunchicoff, presidente de la Cámara de Empresas Maquiladoras del Paraguay (Cemap).
Una canasta que cambia despacio
La composición sí se movió. Las manufacturas agropecuarias e industriales suman cerca del 55% de las exportaciones, frente a cerca del 20% de hace 25 años, según el Ministerio de Industria y Comercio (MIC). Pero la lista sigue encabezada por la semilla de soja (US$ 2.354 millones), la carne (US$ 2.173 millones) y la energía eléctrica (US$ 1.221 millones).
Sobre las exportaciones registradas de 2025, las manufacturas agropecuarias representaron 40,4%, los productos primarios 32,1%, las manufacturas industriales 16,5% y la energía 11%. Dentro de ese total, las reexportaciones, bienes que entran y vuelven a salir del país sin transformación, pesaron 27,4%, US$ 4.584 millones, con un alza de 17,2%. La semilla de soja cayó 27% y la carne subió 21,9%: la canasta sigue dependiendo del clima y del precio de pocos productos.
El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) muestra la misma película por bienios. Entre 2019-2020 y 2023-2024, los productos primarios pasaron de 31% a 38% de lo exportado, las manufacturas de 47% a 50% y los combustibles y la energía de 22% a 12%. Hay más manufactura, pero también más peso de los primarios.
La base industrial también es angosta. De las 29.771 industrias manufactureras registradas, el 46,2% se dedica a productos de metal, confección de prendas y alimentos, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
El sector creció 3,2% anual en promedio en la última década, según el MIC, y casi siete de cada diez dólares de las manufacturas industriales exportadas salen de la maquila.
Valor agregado: ¿cuánto queda?
Buena parte del valor agregado agropecuario es sobre el aceite y harina de soja, carne, arroz parbolizado. Las manufacturas más industrializadas, ensamblajes, confecciones, plásticos, avanzaron sobre todo por la maquila, pero cuánto de eso se queda en el país.
Hasta julio de 2026, las maquiladoras exportaron US$ 860 millones e importaron US$ 464 millones. US$ 396 millones, como valor agregado local: unos 46 centavos por cada dólar exportado.
La grieta por donde puede entrar el salto es la maquila de servicios. La Ley 7.547/2025 incorporó de forma expresa el software, la tercerización de procesos (BPO) y otros intangibles. En 2025, exportó US$ 47 millones, frente a US$ 33 millones en 2024, y emplea a unas 4.000 personas, contra US$ 1.262 millones que exportó la maquila de bienes en 2025.
El límite en el sector es humano: falta talento bilingüe y especializado para competir con Uruguay, Costa Rica y Colombia, consolidados en tercerización regional, sostiene Pablo Zabala, presidente de la Capaser.
Crecer al 6,6% es una noticia. Pero crecer ya no alcanza: sofisticar lo que se produce exige inversión que hoy no llega a la industria, una canasta menos concentrada y más valor por cada dólar exportado.