Arroceros se ajustan los cinturones: caída del 20% en la siembra

Arroceros se ajustan los cinturones: caída del 20% en la siembraGentileza

Ante un escenario de precios bajos y costos rígidos, el sector arrocero paraguayo, uno de los pilares de la exportación agrícola y motor de desarrollo en regiones como Misiones, Itapúa y Ñeembucú, atraviesa un ciclo de reajuste forzado.

Luego de casi cuatro años de bonanza y precios internacionales excepcionales, el 2026 se presenta como una temporada de desafío de supervivencia financiera para el rubro arrocero.

Según el análisis del economista y exministro de Hacienda Manuel Ferreira, para ABC Rural, la consigna para el productor es clara: prudencia extrema, negociación estratégica y una gestión milimétrica de la caja. Por su parte, Fabián Pereira Ortiz, director del Grupo GPSA, sostiene que la principal presión viene por Brasil, principal destino de las exportaciones paraguayas.

El fin de la tormenta perfecta que infló los precios

Para entender la situación actual, es imperativo mirar en retrospectiva. El sector viene de un ciclo alcista que no fue producto de la casualidad, sino de un choque de factores globales.

La India, el mayor productor mundial, había cerrado sus exportaciones para asegurar su mercado interno; a esto se sumó el fenómeno de “El Niño”, que castigó severamente a los gigantes arroceros de Asia, reduciendo la oferta global.

“Como el arroz es parte de la seguridad alimentaria, los países se ajustaron y guardaron su stock. El cereal tiene un precio muy político”, explica Ferreira. Esta escasez artificial disparó las cotizaciones, beneficiando al productor local por un tiempo prolongado.

Sin embargo, ese ciclo ha concluido, comenta el experto. La normalización de las cosechas en Asia y la reapertura de mercados han devuelto el precio a niveles de equilibrio más bajos, dejando a muchos productores paraguayos con estructuras de costos basadas en la abundancia de años anteriores.

Cifras que obligan a apretarse el cinturón

El impacto ya se siente en la planificación de la campaña. Las proyecciones para el 2026/2027 indican una caída del 19% en el área de siembra. Paraguay, que produce anualmente unas 1.300.000 toneladas y siembra cerca de 200.000 hectáreas, ve cómo el entusiasmo se enfría ante la falta de rentabilidad inmediata.

Brasil continúa siendo nuestro principal aliado comercial, absorbiendo 700.000 toneladas del sobrante exportable, pero la dependencia de este mercado también expone al sector a las fluctuaciones regionales. Hoy, con un precio internacional en retroceso, el margen de maniobra se ha estrechado hasta volverse nulo en muchos casos.

Arroceros se ajustan los cinturones: caída del 20% en la siembra.

El desafío del campo alquilado

Uno de los puntos más críticos señalados por Ferreira es la estructura de tenencia de la tierra. A diferencia de otros rubros, el arroz en Paraguay se produce mayoritariamente sobre campos alquilados. El alquiler de la tierra representa el costo rígido más pesado y peligroso para la zafra.

“Hay que negociar con el propietario de la tierra”, advierte el economista. En un escenario donde cae el precio del grano, los contratos de arrendamiento pactados en épocas de vacas gordas pueden volverse insostenibles.

La viabilidad del negocio para este año depende, en gran medida, de que los propietarios entiendan que es preferible mantener a un productor activo con una renta ajustada que enfrente el abandono de parcelas.

El dilema del Warrant y la presión financiera

El sistema de Warrant (garantía sobre stock de grano depositado en silos) ha sido históricamente la rueda de auxilio del arrocero para obtener capital operativo. Sin embargo, la coyuntura actual presenta una trampa técnica: al bajar el precio del arroz, el valor de la garantía que tiene el banco también cae. Esto genera un “hueco” de cobertura que el productor debe llenar.

Para Ferreira, la solución es la transparencia con las entidades bancarias:

Sustitución de garantías: Aquellos productores con activos fijos o propiedades pueden ofrecerlos para apuntalar el warrant y liberar el arroz para su comercialización cuando sea conveniente.

Refinanciación: El 2026 no es un año para cancelar deudas de capital, sino para pagar intereses, refinanciar y “patear” el compromiso principal hacia periodos de mejores precios.

No crecer en área: La recomendación es tajante. No es momento de expansión. Crecer en un entorno de márgenes negativos solo multiplica las pérdidas.

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Arroz con valor agregado como alternativa

A pesar del panorama sombrío de corto plazo, el horizonte a largo plazo ofrece una ventana de optimismo: la diversificación de variedades de arroz. Actualmente, el mercado mundial no solo demanda el arroz tradicional que produce Paraguay, sino variedades premium como el Basmati, originario de la India.

Aunque el desarrollo de estas variedades requiere tiempo, investigación y una logística diferenciada, representa la oportunidad de dejar de ser tomadores de precios de un commodity genérico para pasar a nichos de mayor valor agregado.

Es un proyecto de largo aliento que debe iniciarse mientras se sobrelleva la crisis actual.

2027 precio despega y 2028 se normaliza

Ante el escenario de menores áreas de siembra de arroz de países importantes, el precio empezará a despegar nuevamente, sostiene Ferreira. “Creo que este año va a ser todavía un año complejo, en el 2027, vamos a empezar a ver un año mejor, y el 2028 creo que vamos a llegar a normalizar el precio, si es que no ocurre ningún evento fuera de lo común en este período de tiempo”.

Resiliencia, la ventaja competitiva del campo paraguayo

El sector arrocero paraguayo ha demostrado una resiliencia asombrosa frente a las inundaciones y sequías extremas. Esta vez, el enemigo no es el clima, sino el mercado global. “La estrategia para este 2026 se resume, en una palabra: aguantar”, sostiene Ferreira.

“No es un año donde se va a ganar dinero”. Es un año para cuidar el flujo de caja, conversar con los bancos y conservar la estructura productiva. La esperanza reside en que, como ocurre cíclicamente en el agro, el mercado volverá a equilibrarse. El objetivo hoy no es el crecimiento, sino estar de pie cuando el precio decida, finalmente, volver a subir.

Crecer sin procesos industriales de la mano es un riesgo

Manuel Ferreira resume la producción de arroz en tres etapas. La primera es la relacionada al secado y limpiado antes de comercializar; segundo convertir la producción a arroz integral o arroz negro y sacar la cáscara; y tercero el pulido del arroz (arroz blanco).

“Vos podés crecer en área de siembra, pero si no crecés en estas producciones, que son industriales, no podés avanzar; el problema es el paddy (arroz en estado natural con cáscara)”.

Cuando viaja el arroz en estas condiciones lleva el 23% de desperdicio. El arroz integral es un arroz muy perecible y no se puede llevar muy lejos, por eso se comercializa fundamentalmente arroz integral a Brasil. El arroz de alta duración es el blanco, sostiene Ferreira, pero ese producto necesita inversión industrial importante.

Datos claves para el productor:

Negociar alquileres: El costo de la tierra debe ajustarse a la realidad del precio del grano.

Frenar expansión: Mantener la superficie actual para minimizar riesgos de capital.

Diálogo: Acercarse a las entidades financieras antes de los vencimientos.

Warrant: Buscar garantías alternativas para no quedar atrapado por la caída del valor del stock.

Brasil presiona a productores locales

El sector arrocero atraviesa un escenario marcado por la incertidumbre, debido a la fuerte caída de los precios internacionales confirma Fabián Pereira Ortiz, director del Grupo GPSA. Para Pereira Ortiz el principal factor que condiciona la actividad es el mercado externo, especialmente Brasil, principal destino de las exportaciones paraguayas.

Según el especialista, Brasil produce más de 12 millones de toneladas de arroz al año, lo que influye directamente en el comportamiento de los precios en la región. “Hoy los precios se encuentran bastante deprimidos debido a la alta producción brasilera, lo que provoca que el productor paraguayo apenas pueda producir para empatar”, indicó.

Actualmente, el costo de producción del arroz ronda los US$ 1.500 por hectárea, mientras que el precio del grano se ubica entre US$ 150 y 160 por tonelada. En estas condiciones, el punto de equilibrio se alcanza con rendimientos cercanos a las 9 toneladas por hectárea, una cifra que muchos productores logran solo gracias al avance tecnológico y a la eficiencia en el manejo del cultivo.

Pereira Ortiz comenta que Paraguay posee uno de los costos de producción más competitivos de la región, sustentado en el manejo eficiente del agua y en la incorporación de herramientas tecnológicas. Sin embargo, advirtió que cuando el precio internacional baja de los US$ 200 por tonelada, el sector deja de ser rentable y entra en un modo de “sobrevivencia”, donde los productores apenas cubren sus costos.

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Desafío: Nuevos mercado, semillas y crédito

Los principales desafíos del sector son la apertura de nuevos mercados, la adopción de semillas con mayor potencial productivo y el manejo de enfermedades. A esto se suma la necesidad de contar con herramientas financieras que permitan sostener la producción en años de precios bajos.

Para el directivo el crecimiento del sector en las últimas décadas ha sido significativo. A comienzos del año 2000, Paraguay contaba con unas 35.000 hectáreas cultivadas de arroz y rendimientos promedio de 6 toneladas por hectárea. En la actualidad, la superficie supera las 220.000 hectáreas y los rendimientos alcanzan las 9 toneladas por hectárea.

Paraguay produce hoy cerca de 1.200.000 toneladas de arroz por año, de las cuales aproximadamente 200.000 toneladas se destinan al consumo interno, mientras que cerca de 1.000.000 de toneladas se exportan, principalmente al mercado brasileño.

Ante este escenario, Pereira enfatiza en la importancia de impulsar políticas financieras que permitan sostener las inversiones del sector, especialmente considerando que la sistematización de los campos arroceros requiere inversiones de largo plazo que pueden tardar más de diez años en recuperarse. Sin estas herramientas, advirtió, el crecimiento del sector podría verse seriamente limitado.

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