Los tractores marcan los primeros surcos. Pero detrás de cada bolsa de urea que llega al silo hay una cuenta que no cierra: el fertilizante, insumo que Paraguay importa casi en su totalidad desde el Medio Oriente, se encareció con los conflictos internacionales. El productor arrocero paraguayo arranca la campaña 2026 haciendo malabares entre costos que suben y precios que no acompañan.
El conflicto lejano aprieta al paraguayo
Hace pocos años, sembrar una hectárea de arroz costaba unos US$ 1.300 y el productor podía vender la tonelada a US$ 230. Hoy, el costo supera los US$ 1.500 por hectárea y el precio ronda apenas los US$ 205 por tonelada.
“El principal desafío está relacionado con el incremento de los precios de los fertilizantes de base, la urea y el sulfato de amonio, insumos fundamentales para el cultivo y provenientes mayoritariamente del Medio Oriente”, explica Fabián Pereira Ortiz, director del Grupo GPSA.
Lea más: Arroceros se ajustan los cinturones: caída del 20% en la siembra
33% del costo se va en fertilizante
La fertilización es hoy el componente de mayor peso económico dentro de la estructura productiva del arroz. Antes de la escalada internacional de precios, este rubro rondaba los US$ 400 por hectárea. Ahora la inversión subió más del 25% y llega a unos US$ 535 por hectárea: el 33% del costo total de producción.
A ese incremento se suma el combustible, insumo clave en un cultivo que exige preparación de suelo, nivelación, siembra, manejo del riego y cosecha. La mecanización representa otros US$ 450 por hectárea –30% del costo–, mientras semillas y fitosanitarios demandan cerca de US$ 250. Las aplicaciones aéreas y el procesamiento del grano –secado y limpieza– suman unos US$ 100 cada uno, sin contar la energía eléctrica para el bombeo de agua.
Con esa estructura tan ajustada, el margen para recortar gastos es mínimo. Bajar demasiado la inversión golpea el rendimiento, y eso termina pegándole más fuerte a la rentabilidad.
Rendir más para sobrevivir
Ante costos que no bajan, la eficiencia se volvió la única palanca real. Los rendimientos promedio hoy rondan entre ocho y nueve toneladas por hectárea, pero según Pereira Ortiz, el punto de equilibrio económico recién aparece por encima de las nueve toneladas.
El clima tampoco da tregua. La disponibilidad de agua entre agosto y octubre resulta determinante para una buena implantación, y una radiación solar adecuada durante la floración define buena parte del rendimiento final.
Comprar de a poco, para no quedar expuestos
Frente a ese panorama, buena parte del sector optó por escalonar la compra de fertilizantes, buscando mejores oportunidades y evitando concentrar toda la inversión en un solo momento del año.
Lea más: El sector arrocero proyecta cerrar el año con 1,2 millones de toneladas exportadas
“Producir con mayor eficiencia, controlar los costos sin afectar la productividad y aprovechar las oportunidades comerciales que pueda ofrecer el mercado internacional”, resume Pereira Ortiz como la meta del sector para esta campaña 2026.
La campaña arrocera 2026 comenzó con cautela para los productores paraguayos, mientras el mercado internacional mantiene valores que no satisfacen las expectativas del sector.