Dragones

Siempre que suceden siniestros que envuelven a efectivos de la Fuerza Aérea Paraguaya se abre el debate que aborda cuatro aristas principales: la falta de inversión en equipos para esta fuerza; la incapacidad para responder ante las amenazas del crimen organizado; lo antiguas que son las aeronaves (helicópteros y aviones) y el recurrente: ¿necesitamos verdaderamente de esto?

Estas cuestiones, o cuestionamientos, son razonables y tienen argumentos válidos que las sustenten. Sin embargo, hay otras aristas que analizar antes de imputarle la responsabilidad de esas falencias exclusivamente a la FAP. Hay, por así decirlo, una “culpa conculcada” que va más allá de los muros de los cuarteles. A saber, desde el año 2013 existen proyectos para modernizar la flota aérea de nuestro país, todos ellos con el Código SNIP (Sistema de Inversión Pública) aprobado. Algunos de esos proyectos contemplan la compra de seis Supertucanos, dos Caravan, dos Caza y T35 para instrucción; además de dos radares primarios para el control del espacio aéreo y dos aeronaves no tripuladas. En esta fuerza existen profesionales especializados en el exterior como Brasil y EE.UU. donde egresan con honores. Pero al volver se encuentran con la obsolescencia de los medios de trabajo y se arreglan con lo que hay para realizar evacuaciones aeromédicas de emergencia o coordinar trabajos con la SEN ante emergencias y desastres naturales, por ejemplo. Ni hablemos de poder controlar el espacio aéreo en el que al año, circulan 400 toneladas de droga cuyo destino final es Europa, en donde se estima genera una ganancia de USD 20 mil millones. En nuestros cielos ocurren mil vuelos anuales ilegales (tres por día). Hasta hoy no se puede dar pelea por falta de infraestructura adecuada. Dependemos de los radares del Brasil, que de paso, confiriéndoles el control y poder real de nuestros cielos.

En este país se requiere inversión para todo: educación y salud, principalmente. Pero no es menos cierto que sin una estructura de defensa en la que se pueda combatir verdaderamente al narcotráfico o seguir ayudando a la población vulnerable, hay un aplazo del Estado. Mientras no nos tomemos en serio la educación, la salud y la defensa, seguiremos lamentando la pérdida de compatriotas como los llamados “dragones” de la FAP My. Rafael Velazco, Tte. Andrea Larissa Cubilla y el Sgto. Gustavo Arzamendia. También hay muchos otros anónimos que son víctimas de la indolencia de las autoridades que priorizan sus bolsillos antes que el bienestar de los ciudadanos quienes les han puesto en sus curules.

mescurra@abc.com.py

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