Virus y derechos

Una idea maligna, perversa y falsa se impone al mundo, la de que los derechos de los seres humanos dependen de la capacidad de los gobiernos de atender en los sistemas de salud a personas afectadas por pandemias.

La necesidad de atención siempre será mayor que la posibilidad de atención, acá o en Arabia Saudita, por lo que la excusa de la capacidad del gobierno como límite a los derechos de la persona es el pretexto perfecto para suprimir las libertades en forma permanentemente.

De un plumazo, los portadores de esta idea nefasta invirtieron el orden en que se fundan las sociedades libres, en el que los derechos de las personas son anteriores y superiores a la existencia de los gobiernos, para reemplazarlo por otro orden, el que sirve a las dictaduras totalitarias, en el que las personas no tienen derechos propios sino meros permisos otorgados por gobiernos omnipotentes.

El instrumento para impulsar que las personas aceptemos la supresión de nuestros derechos, y por tanto la extinción de nuestras libertades, es el miedo a un virus, el del covid, miedo que se alimenta en forma organizada, sistemática, persistente y extendida desde burocracias nacionales y multilaterales trabando el debate libre, impidiendo el conocimiento y la prueba, imponiendo la censura, forzando la conformidad y generando la ficción fraudulenta de que hay aceptación universal a dicha supresión de derechos.

Aunque las evidencias son abrumadoras y contundentes acerca de que los impulsores de esta regresión totalitaria al oscurantismo medieval operan coordinadamente, ellos tienen resuelto aparecer lo menos posible, sustraerse a cualquier controversia, eludir la crítica, y lo hacen con tecnológica precisión.

Sin embargo, todavía es posible para cualquiera que tenga interés, ver los vínculos de mesiánicos como Bill Gates o George Soros, Albert Bourla o Mark Zuckerberg, con las redes globales de medios de comunicación, de sistemas universitarios, de institutos multilaterales.

Los impulsores de esta regresión totalitaria al oscurantismo descalifican toda denuncia contra ellos presentándolas como “paranoias conspiraticias” (los que denuncian son “conspiranoicos”) y producen ellos mismos a agentes suyos que difunden disparates para degradar todo cuestionamiento y confundirlo con lo ridículo.

Esa fórmula se las dio Douglas Evans Coe, un siniestro traficante de influencias norteamericano, que les enseñó que cuanto menos se note el poder, más fuerte es el poder; fórmula que sigue a pie juntillas todo buen mafioso del mundo.

A pesar de esta ofensiva global sin precedentes contra los derechos humanos, y consecuentemente contra la libertad, sigue siendo evidente “que todas las personas nacen iguales, dotadas de derechos inalienables, entre los que se cuentan la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar esos derechos se instituyen los gobiernos, que derivan sus poderes del consentimiento de los gobernados”.

Los derechos de una persona no dependen de si tiene o no tiene un virus. Los tiene con virus o sin virus, y la tarea legítima de cualquier gobierno decente es proveer al cuidado de los que tienen algún virus, y nunca jamás convertir el virus en excusa para la supresión de derechos o para arrogarse el otorgamiento de permisos.

evp@abc.com.py

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