En busca del sobre perdido en el Congreso

Se supone que, por razones conocidas, ya no habrá cada fin de mes sobres amarillos desgarrados en los basureros de muchos parlamentarios. El abastecedor de tales sobres para “legisladores leales” está hoy celosamente vigilado por el rencoroso Sam. Los 50 mil dólares que poblaban dichos sobres para los de primera clase y los 5 mil para los buches serán nostalgia. Opa ñande soborno porâite.

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Se acabó el soborno. El Imperio atacó al sobornador en su karaku: sus finanzas. Y no piensa quitarle las garras de encima hasta despojarle totalmente de las ganas de “mantener su control sobre la formulación de políticas a través de sobornos mensuales en efectivo pagados a legisladores leales entre US$ 5.000 y US$ 50.000 por cada miembro…”. Aquellos mantenidos del patrón deberán buscar otro proveedor de sobres.

Esto no fue un descubrimiento del Departamento del Tesoro de iueséi. Se sabía. Solo que ahora el asunto impacta con carga exponencial porque lo dice quien lo dice. Y al decirlo quien lo dice el efecto es devastador al punto de convertir al afectado en un paria en el mundo internacional de los negocios. Quien se acerque a él corre el riesgo de recibir un disparo del francotirador vigilante allá en el Norte.

La acusación de soborno saca a relucir patéticamente la causa última de la destrucción de la institucionalidad en la República: la compra de voluntades para fines ilícitos. Por eso somos campeones en corrupción. Tío Sam se circunscribió al Congreso. Pero, sin duda, los sobres se reparten también en otras esferas.

Toda autoridad está bajo sospecha. Los sospechados se buscaron ingresar al catálogo de sospechosos Tenemos un Ministerio Público que parece parte del grupo empresarial del patrón, un Consejo de la Magistratura desacreditado, un Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados que todavía huele a González Daher y una Corte Suprema de Justicia cuyos miembros no despiertan precisamente respeto. Y no olvidemos a los organismos de control que dejan escapar la tortuga permanentemente. Controlan el ramito de perejil mientras saludan a millones en billetes verdes sin trazabilidad que cruzan el sistema financiero “legal”.

Apelando a aquella sentencia bíblica de “por sus frutos los conoceréis”, podemos concluir con certeza quiénes son los sobornados en el Congreso, especialmente en la Cámara de Diputados, centro de la cáfila de encendidos defensores del mantenimiento “del control sobre la formulación de políticas…” del suministrador de sobres. Varios de esos diputados buscan llegar al Senado para tratar de copar esa Cámara que en este período se opuso en diversos pasajes a delirantes deseos del pródigo sobornador.

La ciudadanía debe impedir con su voto que los canallas que se venden, traicionando a la patria a la que dicen defender, sigan fungiendo de legisladores. Basta de delincuentes impunes. Y variemos ese viejo y deplorable país de los sobornadores y sobornados.

Así como Proust buscó el tiempo perdido y Helio Vera el hueso perdido, que los vendidos rastreen la honra perdida en un sobre amarillo tirado en el basurero.

nerifarina@gmail.com

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