En busca del respeto que se ha perdido

Es deplorable ver cómo se le falta al respeto al Congreso Nacional. Cómo se le roba a la representación del pueblo el señorío que debiera tener, para instalar en su lugar la vileza, la ordinariez y hasta la traición a la patria. Y más aflige saber que la falta de respeto surge desde el mismo Legislativo.

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Hay “honorables” que solo se sirven del cargo y hay otros que no tienen la más anémica idea de su investidura y actúan como hazmerreíres patéticos.

No es pertinente juzgar a nadie por su origen, por más humilde que éste fuera. Una persona puede provenir de un pueblo o de un barrio pobres, de la farándula, de las redes, de la popularidad insípida que otorga la burbuja mediática, pero en una cámara del Congreso, su actitud debe cambiar ante la responsabilidad asumida.

Primero, deberá saber qué hace ahí; luego, comprender sus limitaciones y buscar el asesoramiento de gente pensante, para que no le “duerman” tan fácilmente o le usen para fines espurios. Segundo, debe entender que proferir disparates en las redes sociales le servía para ganar likes, pero en su nueva condición eso riñe con la dignidad alcanzada.

Que la furia y los insultos se oponen al raciocinio, esa cualidad que debe ser atributo inherente de quien tiene el compromiso de promover, estudiar, aprobar leyes que regirán la convivencia en la república. Tampoco pretendemos que todos se vuelvan solemnes de solemnidad victoriana. La formalidad de la función legislativa no debe rivalizar con el ingenio o la gracia que puede desplegar un legislador. Ingenio y humor son signos propios de calidad intelectual.

Pero lo que más se espera del Congreso y de los parlamentarios es que estén al servicio de la patria (a alguno le parecerá cursi). Y de eso están lejos. Se colige esto de hechos como la entrega de terrenos chaqueños del Ministerio de Defensa para el blanqueo de ocupantes ilegales y multimillonarios de valiosos lotes en desmedro del patrimonio estatal. Y justo en vísperas de la celebración de la victoria de Boquerón. Se parece demasiado a una felonía.

Este adefesio “legal” demostró, por una parte, la condición de oportunistas de legisladores identificados, y, por otra, la irresponsabilidad de la mayoría que, en este caso, aprobó un proyecto de ley sin siquiera dignarse a analizarlo.

Los legisladores que se sienten afectados por las críticas deben saber que más afectados nos sentimos los ciudadanos comunes cuando debemos digerir la vergüenza ajena ante la indignidad, la vileza o la extravagancia ridícula de quienes nos deben “representar”.

Quien ocupa un curul parlamentario debe saberse observado. Integra una casta privilegiada que debe respetar a la corporación de la que forma parte y a la ciudadanía, que buena cantidad de ella debe estar hoy hondamente arrepentida de su voto.

Necesitamos un Congreso cuyos miembros le den majestad a la institución. Que dejen de ser deplorables motivos de indignación o estampas grotescas de un alborotado catálogo de memes.

nerifarina@gmail.com

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