Si Peña tenía alguna remota intención de que las cosas mejorasen para la mayoría, a estas alturas ya sabrá bien que, con los bueyes que ara, los mismos de siempre y algunos incluso empeorados, es casi imposible que pueda hacer algo distinto que sus predecesores en el cargo.
El plus que tenía Peña a su favor cuando era candidato a presidente era su formación académica en un área clave, como el de la economía. Sin embargo, gobernar un país requiere también de otras cualidades, como liderazgo, firmeza y experiencia, de las que el mandatario carece o que, al menos hasta ahora, no ha exhibido.
Se mencionó también como una ventaja muy importante la de contar con la mayoría de parlamentarios en ambas cámaras legislativas, lo cual se vio potenciado incluso con la incorporación de representantes de la “oposición” que fueron fácilmente captados, a precio módico.
Esto resultó importante a la hora de aprobar sus iniciativas en el Congreso. Sin embargo, el costo a mediano o largo plazo puede resultar oneroso, por el deterioro moral que implica “comprar” lealtades con cargos públicos y dádivas.
Por ahora, esta imagen de un poder aplastante al que nada puede frenar, que exhibe el Partido Colorado, puede parecer seductor pero, en la medida en que no se pueda dar respuestas a las necesidades de la mayoría, puede convertirse en su talón de Aquiles.
En estos momentos, hay de parte del grupo que tiene el poder en la República, una evidente intención de copamiento en el Poder Judicial y en los organismos extrapoder vinculados al sistema judicial.
La sospecha inmediata que surge frente a este panorama es que el objetivo es dar impunidad a varios personajes que están ahora siendo investigados por la Fiscalía General del Estado, acusados de graves delitos, como narcotráfico, asociación criminal y lavado de dinero.
Posiblemente, el presidente Peña sea en este caso solo un instrumento para nombrar a las personas “adecuadas” en cargos claves para presionar, cajonear o descartar causas, según convenga a los intereses del grupo de poder.
A la larga, este tipo de maniobras, como se vio durante los últimos tiempos del régimen stronista, instala un clima social en el que “vale todo” y esto envalentona a los personajes más nefastos y mediocres que van ocupando espacios de poder.
Si no se da una reacción ciudadana, el proceso continúa hasta que, en algún momento, termina cayendo por su propia podredumbre.
El problema es que, hasta entonces, el daño que causa a la sociedad y a sus instituciones es inconmensurable.
Tal vez Peña y otros de su equipo tengan la claridad para advertir que esta situación, de consolidarse, terminará también con ellos y serán repudiados y recordados como quienes iniciaron una etapa de decadencia en nuestro país.
El tiempo dirá si eligen ser actores importantes que buscan realmente cambios para mejor en el país o si son simples títeres o, peor aún, cómplices conscientes de esa decadencia.