En manos de HC Asunción terminó por ser destrozada en su casco histórico, degradada en sus barrios con empedrados mortíferos, asfaltos ulcerosos y veredas agresoras; ofendida en sus espacios públicos arruinados por la desidia y la incompetencia, y asolados por delincuentes de todas las raleas.
Nenecho, es decir, HC, tuvo tiempo para revertir la decadencia capitalina. Pero estaba más atareado en hacer volar vales que en dignificar la urbe de Salazar.
Luis Bello, intendente interino, también de HC, citó un proyecto mediante el cual el centro iba a parecerse a Buenos Aires. Pero del dicho al hecho, adiós Nenecho.
El candidato actual se reunió en estos días con parlamentarios de la bancada de HC, y ahí se habló de una nueva ley de capitalidad. Pero esto también pareciera estar encajado dentro de un juego perverso: habría nueva ley de capitalidad (una ley permanente, señalan) si gana quien en las piezas ajedrecísticas partidarias dicen que es el caballo de la-Torre.
La ley de capitalidad la pagamos todos y debe ser para Asunción y no para ningún candidato especifico ni para ningún partido político específico. Si no dejan de partidizar las políticas públicas seguirán pauperizando al país pese a los números de crecimiento económico que solo habitan en el papel y las estadísticas sin salir de ahí.
El candidato de HC sostiene que no despedirá a ningún funcionario “que trabaja”. Acá hay mucha tela para la tijera. La Muni no aguanta una planilla de casi 10 mil funcionarios. El interventor Carlos Pereira había dicho que habría que desprenderse inmediatamente de 3 mil. Es lógico pensar que por lo menos la mitad de esos 10 mil no trabaja, no tiene nada que hacer.
Pero ningún intendente colorado se animará a despedir a los parásitos porque se vienen los tiempos electorales para el 2028. Y para más, hay que tener en cuenta que el apoyo de los presidentes de seccional no es gratis: exigirán cargos y negocios. ¡Cuántos parásitos más habrá que admitir! Y no hay macho que pueda enfrentar a la angurria de “las bases partidarias”.
La recaudación no alcanza. Asunción se despuebla. Quedamos poco más de 400 mil asuncenos, mientras 2 millones de paraguayos transitan por la capital cada día. El impuesto inmobiliario vuelve a aumentar, lo que espantará a más capitalinos.
Para cambiar Asunción piensen en Asunción, la ciudad de todos, y dejen de tenerla como la fuente del zoquete. Si no, la promesa de cambio será mera terapia esférica, es decir, bolaterapia.
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