Mató menos que los gobiernos liberales, que fue la mayor sangría del Paraguay. Frente a este período oscuro, la dictadura de Stroessner fue benigna en materia de muerte.
Duarte confunde la muerte en una guerra civil con la causada en una cámara de torturas. Su fanatismo –que no cabe en una persona con tantos títulos académicos- le hace olvidar que antes de la época que señala, los “caballeristas” –partidarios del general Bernardino Caballero- convulsionaron el país con las revoluciones de 1873 y 1874.
¿Cómo se puede llamar “benigna” a la muerte que los asesinos de la dictadura aplicaban atrozmente a políticos, sindicalistas, dirigentes campesinos, etc.? ¿Fueron “benignas” las muertes de los miembros de las Ligas Agrarias misioneras en 1976 que se dieron, antes y después, en otros sitios? ¿Fue “benigna” la muerte de Mario Schaerer Prono y la de muchos otros dignos ciudadanos? ¿Fueron “benignas” las muertes de tantos exiliados, expulsados de su tierra?
Dijo Duarte: Stroessner fue un presidente constitucional.
Stroessner venía gobernando con la autoritaria Carta Política de 1940. En 1967, la Convención Constituyente, con mayoría stronista, sancionó una Constitución redactada a imagen y semejanza del dictador. Recuérdese que esta Constitución estuvo “amparada” por el estado de sitio. En su artículo 173 se estableció: “…solo podrá ser reelecto (el presidente de la República) por un período más, consecutivo o alternativo”. Diez años después, cuando se le agotó el tiempo, una reforma parcial borró el límite y quedó solamente “podrá ser reelecto”. Ninguna Constitución democrática perpetua a su gobernante.
¿Es “presidente constitucional” quien rige los destinos de un país de forma tan dictatorial? Técnicamente lo es, pero no le hagamos aparecer demócrata como lo desea Duarte.
Otro agujero negro de la Constitución del 67 es el artículo 79 que instituye el Estado de Sitio, el cual podrá ser aplicado solo en estos casos: Conflicto o guerra internacional, invasión exterior, de conmoción interior o de amenaza grave de unos de estos hechos. En los 35 años de dictadura no se dio ninguno de esos casos, pero el país no respiró un solo día sin estado de sitio. Stroessner lo aplicaba en delitos comunes o políticos. El artículo 79 barría todas las garantías constitucionales del ciudadano que se veía indefenso ante las arbitrariedades cotidianas. Junto a este artículo, “resplandecían” las leyes 209 y 294, que pretendían vestir de legalidad los atropellos a la dignidad de las personas.
Dijo Duarte: Ha construido (Stroessner) dos represas (Itaipú y Yacyretá) sin las cuales hoy no nos imaginaríamos al país.
No nos imaginaríamos que tantos políticos se hayan vuelto inmensamente ricos y puedan vivir con lujos orientales, costosos viajes, farras a lo grande, educar a sus hijos en las universidades más caras del mundo. En fin, todo lo que permite el dinero que no se ha ganado en el trabajo honrado. Además, Stroessner no construyó esas represas, se construyeron en su gobierno.
Duarte reniega de la democracia e insulta a quienes la hicieron posible. No cae en la cuenta de que gracias a ella se ha formado en una de las universidades más prestigiosas del mundo.
Nunca entenderá, entonces, a la gente que gritó su alegría en la mañana del 3 de febrero de 1989. Menos aún que se tuviera, al fin, un presidente de la República y un Congreso libremente elegidos.
Cabe aplicar a Duarte, parafraseando, este aforismo: Lo que la naturaleza no da, la Sorbona no presta.
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