Paraguay: de cal y de arena

En Paraguay, la semana se vive entre contrastes que confunden y agotan. De día, los medios y las redes sociales desglosan un torrente de noticias: anuncios oficiales, cifras macroeconómicas, aperturas de mercados.

De noche, los resúmenes periodísticos intentan ordenar el caos y anticipar lo que vendrá. Pero en medio de ese vaivén constante, surge una pregunta inevitable: ¿cómo es posible que un país muestre avances tan prometedores en algunos frentes y, al mismo tiempo, arrastre deudas históricas que golpean directamente la vida cotidiana de la gente?

Por un lado, hay motivos para el optimismo. Paraguay ha logrado abrir o consolidar mercados importantes para sus exportaciones. La carne bovina paraguaya sigue ganando terreno, con Estados Unidos posicionándose como uno de los destinos más dinámicos —las ventas crecieron significativamente en 2025 y se espera que continúen en aumento—. Acuerdos internacionales permiten vislumbrar nuevos destinos para productos como la carne ovina (Emiratos Árabes Unidos) y avances en el sector avícola, especialmente con miras al acuerdo Mercosur-UE. Compañías aéreas retoman rutas, las exportaciones crecen y, en el discurso oficial, el país parece encaminado hacia un desarrollo sostenido. Son logros que merecen festejarse, porque reflejan esfuerzo, negociaciones y confianza de socios externos.

Sin embargo, del otro lado del mostrador, el de la realidad diaria, la situación es muy distinta. Mientras se celebran esas conquistas externas, los hospitales públicos y del IPS enfrentan un desabastecimiento crónico. La deuda del Estado con las farmacéuticas supera los US$ 800 millones, un monto que pone en riesgo el suministro de medicamentos e insumos esenciales. El Ministerio de Salud y el de Economía han anunciado planes de pago parcial —como la transferencia de US$ 150 millones en los primeros meses de 2026—, pero el pasivo acumulado sigue siendo mayor que el presupuesto anual destinado a salud. Constructoras reclaman pagos atrasados desde el año pasado y hay denuncias de que ni siquiera se ha cancelado el aguinaldo a médicos y personal de blanco.

El caso más doloroso y reciente ilustra esta brecha: Braulio Vázquez, un asegurado del IPS, falleció tras esperar 2 días por un cateterismo de urgencia que nunca se realizó debido a fallas técnicas y demoras en el equipo. Su muerte no fue solo consecuencia de un infarto, sino de un sistema de salud que falla en lo básico, en procedimientos que deberían ser inmediatos. La Superintendencia de Salud anunció una auditoría, pero para muchos llega tarde. Historias similares se repiten: gente que muere esperando atención que “parece tan simple”.

Y si la salud duele, la inseguridad pesa aún más. La seguidilla de asaltos violentos con desenlaces fatales marca las últimas semanas: un contador asesinado en Fernando de la Mora tras un tiroteo con delincuentes, un empresario extranjero acuchillado en Capiatá, en CDE una joven mujer víctima en medio de un tiroteo intentando repeler a delincuentes, robos millonarios con armas de alto calibre y chalecos antibalas. El temor es cotidiano; ya no se limita a zonas fronterizas. Aunque el comandante de Policía califica estos hechos como “cíclicos” y defiende que Paraguay sigue siendo de los países más seguros de la región, para el ciudadano común la percepción es otra: salir a trabajar o dormir en casa implica un riesgo real.

En paralelo, la discusión sobre la reforma de la Caja Fiscal domina la agenda política. El proyecto busca sanear el déficit de US$ 380 millones en el último año, subiendo edades jubilatorias, aumentando aportes y ajustando beneficios, pero genera rechazo en sectores como docentes y fuerzas públicas, que piden postergación o más debate técnico y amenazan con huelgas. Es un tema clave para la sostenibilidad fiscal, pero también uno más en una lista interminable de prioridades.

El ciudadano de a pie se pregunta: ¿cómo avanzar definitivamente y saldar tantas deudas históricas? Transporte público deficiente, precios altos en supermercados, rutas donde la siniestralidad cobra vidas, hospitales sin insumos, inseguridad que mata. Se quiere acompañar los logros —porque son reales y necesarios—, pero resulta cada vez más difícil cuando el día a día duele tanto.

Paraguay avanza en algunos aspectos, pero se estanca en lo esencial. La cal y la arena se mezclan en el mismo puño: hay progreso macro que ilusiona y problemas estructurales que desesperan. Ajustar las tuercas no admite más postergaciones. Porque mientras unos festejan aperturas de mercados, otros entierran a seres queridos por fallas que se repiten. Y en ese desequilibrio, el país entero se juega su futuro.

smoreno@abc.com.py

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