Se dirá que los de la oposición hacen lo mismo, pero la diferencia es que no tienen la responsabilidad de administrar el país.
En las elecciones, casi siempre la clave para ganar es que el candidato cree la expectativa de que las cosas mejorarán en caso de que él gane.
El problema del cartismo, ahora en función de gobierno con Santiago Peña, es que no cumplió con las expectativas que creó sobre que la mayoría de la población estaría mejor.
Si bien existe una relativa estabilidad, no es cierto que no haya inflación, como el Gobierno quiere hacer creer.
En cuanto a la creación de 500.000 nuevos puestos de trabajo prometidos por el presidente y aunque Peña dijo hace poco que ya crearon 100.000, la misma ministra de Trabajo, Mónica Recalde, aclaró que los trabajos formales creados durante lo que va de esta administración son alrededor de 39.000, muy lejos de la promesa presidencial.
Al vicepresidente Pedro Alliana, el candidato cartista para el 2028, intentan instalarle una imagen de estadista. Sin embargo, es posible que resalte más en él su tendencia a dar cargos a sus familiares directos y operadores, como su hija, esposa y al director de Yacyretá.
Posiblemente, el plan del Gobierno sea, en los próximos meses que le quedan, endeudarse aún más para iniciar obras públicas y dar la impresión de que existe una mayor actividad.
Sin embargo, será difícil que dejen de dar la impresión de que todo se hace a último momento para hacer como que se preocupan por la ciudadanía cuando, en realidad, hay más discursos y promesas que concreciones.
Lo que con seguridad dejará la administración cartista al gobierno que viene es una enorme debilidad institucional, algo que habrá que reconstruir con mucha habilidad y conciencia para que la ciudadanía vuelva a creer, tras la dictadura stronista, que la democracia es siempre preferible al autoritarismo y la arbitrariedad.
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