Tuberculosis: ciencia aplicada y cooperación universitaria para salvar vidas en Paraguay

En salud pública, a veces la diferencia entre un problema sanitario controlado y una crisis silenciosa, se decide en algo muy simple: tiempo. Tiempo para detectar, para tratar, para cortar la transmisión de una enfermedad. Por eso, cuando una universidad pública y una privada se sientan en la misma mesa —junto con equipos relevantes del sector público, laboratorios y otros— y producen evidencia aplicada, no están haciendo un gesto académico: están ganándole tiempo a una enfermedad.

En un país que investiga menos de lo que necesita, y donde rara vez se visibiliza la investigación universitaria, la cooperación entre universidades privadas y públicas se vuelve estratégica. Y cuando se aborda un asunto crítico con una importante dimensión social, como la tuberculosis, tenemos un círculo virtuoso que incluye la potencialidad de que una investigación ayude a mejorar la calidad de vida de la población.

La tuberculosis continúa siendo, en pleno siglo XXI, una de las enfermedades infecciosas más mortales de la humanidad. Se trata de una patología que, lejos de ser un problema del pasado, afecta a cerca de una cuarta parte de la población mundial y sigue cobrando millones de vidas cada año, especialmente en países de ingresos medios y bajos. Tras el retroceso de contagios registrados durante la pandemia de COVID-19, la tuberculosis volvió a repuntar a nivel mundial, lo que llevó a reforzar los esfuerzos internacionales para su control. En ese contexto, organismos multilaterales, centros de investigación y la industria biomédica han venido invirtiendo en el desarrollo de nuevas tecnologías diagnósticas y terapéuticas, con el objetivo de acelerar la detección y cortar las cadenas de transmisión. Y Paraguay no ha estado ausente.

En este marco se inscriben dos recientes artículos publicados en la revista Frontiers in Public Health, que presentan estudios realizados conjuntamente por equipos de la Universidad Central del Paraguay (miembro de UFAMEP), la Universidad Nacional de Asunción, la Universidad Nacional de Caaguazú y otras instituciones clave. El primer estudio se denomina “Performance evaluation of the AFIAS IGRA-TB (IFN-gamma) test versus QuantiFERON®-TB gold plus (QFT®-Plus) ELISA in the Barrio Obrero hospital network, Asunción—Paraguay, 2025” (12 de enero de 2026); y el segundo “Evaluation of diagnostic agreement between STANDARD E TB-Feron ELISA and TB-Feron FIA for tuberculosis infection in prison settings in Paraguay” (4 de febrero de 2026).

Ambos trabajos forman parte de investigaciones sobre nuevas tecnologías diagnósticas para la tuberculosis. Los estudios consistieron en poner a prueba herramientas de diagnóstico rápido, en comparación con pruebas tradicionales. En uno de los estudios se analizaron resultados en muestras de sangre de 737 personas y en el otro se trabajó con 210 adultos con distintos niveles de riesgo de exposición a la enfermedad. Los detalles médicos, teóricos y metodológicos de ambos trabajos pueden verse en las publicaciones. Para esta columna, lo importante es destacar lo siguiente: se encontró que es posible diagnosticar mejor y más rápido la enfermedad, sin depender siempre de tecnologías más costosas o difíciles de desplegar.

La contribución de estas investigaciones es especialmente relevante para Paraguay. La tuberculosis continúa afectando de manera desproporcionada a poblaciones en situación de vulnerabilidad, como personas privadas de libertad, comunidades indígenas y sectores urbanos empobrecidos; sectores donde los diagnósticos llegan en etapas avanzadas de la enfermedad, lo que aumenta la transmisión y la mortalidad. Por ello, contar con herramientas diagnósticas más ágiles y accesibles puede modificar de manera sustancial las trayectorias de atención y los resultados en salud.

Los estudios, sin embargo, son solo una parte de lo que debemos hacer en Paraguay. La generación de evidencia científica por sí sola no es suficiente. El desafío de generar mejores respuestas a la tuberculosis involucra mayormente al sector público, particularmente al Ministerio de Salud Pública y su Programa Nacional de Control de la Tuberculosis. Para que la innovación en la tecnología de diagnósticos tenga un impacto real en la población, es imprescindible que estas instituciones se apoyen activamente en los espacios de investigación y en la evidencia producida localmente.

Por último, estas investigaciones son una demostración de que la investigación científica genera resultados relevantes para la sociedad. Por ello es crucial seguir encontrando espacios de colaboración universitaria público-privada en áreas estratégicas de investigación y desarrollo académico. Esto debe invitar también a las entidades reguladoras de la educación superior para que, además de controlar, sean ágiles en acompañar iniciativas universitarias de alto impacto social. Además, dado que la inversión estatal está cada vez más restringida en Paraguay, las entidades reguladoras deberían generar la seguridad jurídica necesaria para que la inversión privada, nacional e internacional, se oriente a proyectar investigaciones de alto costo y resultados a largo plazo. El potencial está a la vista. Los países desarrollados ya han demostrado que, si generan las condiciones adecuadas, incentivan a las universidades privadas y públicas a generar colaboraciones y resultados que mejoran, de manera decidida y positiva, la calidad de vida de la población.

*Director Ejecutivo, Unión de Facultades de Medicina Privadas del Paraguay

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