Tener que soportar los molestosos mosquitos, leer a la luz de una vela, beber solo agua de tajamar y en algunas ocasiones de los aljibes donde se acumula agua de lluvia, dormir en medio del calor sin posibilidad de acceder a algún sistema de aire acondicionado; pues este es el ambiente donde está trabajando la licenciada Efigenia González López, enseñando a unos 15 escolares en el sistema de aulas extensivas.
La escuelita donde acuden los niños, que vienen de las estancias donde trabajan sus padres, es un precario rancho de karanday (palma), donde lo único que sobresale en medio de tantas carencias es el pabellón patrio, que flamea en lo alto atado a un poste, como exaltando la labor de la única maestra y sus alumnitos que hacen patria por estos lejanos lugares.
La educadora enseña en la modalidad de plurigrado del primero al sexto grado, en los turnos mañana y tarde. Dentro del improvisado local se tiene todo tipo de necesidades: el piso es de tierra, los mobiliarios son unas pocas sillas comunes y dos mesas de cocina; aun así, las ganas de enseñar y estudiar son mucho mayores.
Como si no fuera poco, la precariedad del camino para llegar al sitio denominado Kanda’yty se convierte en toda una odisea. La maestra tuvo que completar parte de los 240 kilómetros que separan el lugar de Fuerte Olimpo a caballo y bajo el ardiente sol chaqueño.
La mujer es chaqueña, oriunda de la zona, pero había dejado el lugar hace bastante tiempo en pos de su formación profesional y luego para conformar una familia, de la cual hoy se separa de manera temporal, pues la distancia y las malas condiciones de los caminos hacen imposible un encuentro constante.
Tal vez por eso, y a sabiendas de que los niños del lugar la necesitan, regresa nuevamente ya siendo una profesional, demostrando así mucha vocación por la educación. Es la única manera de tratar de entender esta patriótica decisión, pues la paga no es mucha: solo dos rubros que casi llegan a los G. 6 millones.
En un país donde sobresalen los hechos de corrupción en instituciones públicas, este ejemplo de patriotismo y vocación de una maestra y sus estudiantes debería servir de modelo de que, cuando se desea enseñar y estudiar, no importa el lugar ni las condiciones, sino simplemente las ganas de superación.
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