A Ultranza

“Por un país sin narcotráfico” comenzó exclamando antes de jurar la nueva senadora.

La escena parecía salida del capítulo de alguna novela del realismo mágico latinoamericano: la parlamentaria comenzaba a asumir así la banca que ocupaba un senador que fue condenado de forma unánime por un tribunal, por su participación activa en el lavado de dinero del narcotráfico y su complicidad con una asociación criminal dedicada al tráfico de drogas.

Guadalupe Aveiro reemplazó así a Erico Galeano, quien obtuvo un generoso permiso por tiempo indefinido por parte de sus aliados, quienes en lugar de exigirle su renuncia o impulsar su destitución, optaron por aceptar su propuesta de permiso por plazo indefinido, para acallar las críticas.

Es que para el oficialismo la presencia de Galeano en el Senado ya era insostenible, con cada aparición pública sería el recordatorio de su situación judicial, su condena en primera instancia y sus vínculos con un delito deleznable como el narcotráfico.

El senador con permiso y condenado en primera instancia, pues ese es su status actualmente, fue calificado de forma unánime por los tres jueces que lo juzgaron, como culpable de haber lavado dinero vinculado al narcotráfico, por la operación de compra y venta de una propiedad en un lujoso condominio, propiedad que fue comprada por 200 mil dólares y fue vendida por un 1 millón de dólares al contado, en plena pandemia y sin posibilidades de rastrear el origen del dinero.

El tribunal también lo consideró culpable de haber prestado en varias oportunidades su aeronave y pilotos para que viajasen los principales líderes de la organización desarticulada con el operativo antidrogas.

Volvamos ahora a la nueva senadora, Guadalupe Aveiro, quien se viene especializando en esto de reemplazar a políticos salpicados con el operativo “A Ultranza”.

Ya en marzo del año 2022 Aveiro debió asumir como diputada para reemplazar a Juan Carlos Ozorio, presidente de la comisión de lucha contra el narcotráfico, quien se vio obligado a renunciar al cargo tras descubrirse sus nexos con los miembros de la familia Insfrán.

Ozorio está siendo sometido a juicio, tras ser imputado por lavado de dinero del narcotráfico, tráfico de drogas y asociación criminal.

Según la fiscalía, el exdiputado colorado presidía una cooperativa, San Cristóbal, desde donde ponía en circulación el dinero proveniente del tráfico de drogas del clan Insfrán. La acusación también lo involucra en haber gestionado la matrícula para un helicóptero comprado para actividades ilegales de la misma organización criminal.

Y ya que estamos con A Ultranza, también esta semana un tribunal de apelaciones ratificó la condena de ocho años de cárcel para un exministro.

Quedó reafirmada así la culpabilidad del exministro de Emergencia Nacional, Joaquín Roa, quien fue declarado culpable en primera instancia por cohecho pasivo agravado (coima), lesión de confianza, administración en provecho propio y lavado de dinero.

Roa había sido procesado cuando, tras buscar una embarcación de un empresario vinculado al operativo A Ultranza, encontraron un yate a nombre del exministro. Embarcación que luego se comprobó había recibido como pago de favores por direccionar compras con dinero público de la Secretaría de Emergencia Nacional en beneficio del empresario Alberto Koube.

Y es que a pesar de ser una obviedad, conviene siempre recordar que estas estructuras criminales no operarían tan impunemente durante tanto tiempo si no tuviesen la protección y participación de autoridades políticas.

Todo esto se pudo conocer mediante A Ultranza, un operativo cuyo nombre según nos comentaba el viernes en la 730 AM nuestro colega Iván Leguizamón, surgió de la expresión que utilizó un agente antidrogas sobre el que pesaban sospechas de complicidad con el grupo de traficantes.

El agente, quien rechazaba las insinuaciones, habría usado la frase para dar a entender que también apoyaba a muerte, o incondicionalmente, a sus agentes a cargo, y que no desconfiaba de ninguno de ellos.

Sea la anécdota cierta o no, A Ultranza es también un muy buen título para alguna de esas series de plataformas de streaming, que retratan detalladamente las miserias de la narcopolítica en nuestros países.

Habrá que ver si el recientemente detenido Sebastián Marset le agrega nuevos capítulos desde su lugar de encierro en los Estados Unidos.

Muchos estarán preocupadamente ansiosos por saberlo.

guille@abc.com.py

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