Apatía

En el sur del país como también en gran parte del interior del Paraguay, se reconoce a los pobladores como “koygua”, que literalmente se puede entender como “tímido”. Pero más allá de eso, nos caracteriza una particular apatía y rechazo a la participación ciudadana. Esto es consecuencia directa a la falta de educación de calidad, la pobreza y clientelismo político.

Koygua es un término en guaraní que se refiere a lo relacionado al campo o a los campesinos, a quienes se atribuyen valores como la timidez o con alguien retraído. Desde el pensamiento centralista, es una buena descripción de lo que sucede actualmente con gran parte del interior del país.

En el departamento de Itapúa, las poblaciones se caracterizan por eso, por normalizar la falta de participación ciudadana y una tremenda capacidad de soportar el status quo, con el fin de no incomodar a las autoridades de turno.

Pero esta reacción también responde a toda una historia sin ser escuchados ni tenidos en cuenta en la construcción del Estado-Nación. El proceso de transformación que sufrió la zona, con la terminación de la Central Hidroeléctrica Yacyretá, fue traumático para la aceptación de una realidad que no pedimos; se impuso y se acató bajo un discurso de “progreso” y sin retorno equitativo para los locales.

Esta lógica creó un hábito social de relacionar todo reclamo, protesta o manifestación, con connotaciones negativas. En la principal ciudad, Encarnación, con una población de más de cien mil habitantes, no se llegaría a concentrar más de 1.000 personas en las calles para un reclamo.

Durante la última manifestación de los docentes, quienes reclamaron a nivel país en contra de la Caja Fiscal, se demostró que la ciudadanía tiene en sus manos una herramienta crucial para obligar a las autoridades a respetar su voluntad. No obstante, mientras en otras ciudades hubo marchas imponentes, cierres de ruta; en Encarnación estuvieron la mayor parte del tiempo sentados bajo la sombra, para luego cerrar solamente media calzada de la ruta. La propia concentración se realiza a cinco kilómetros del microcentro, en el acceso a la ciudad, donde no pueden “molestar” a nadie.

Estas actitudes llaman poderosamente la atención, porque no se trata solamente de cantidad, sino de si el reclamo es real. En comunidades alejadas cerraban las calles acostados sobre las rutas, convencidos en que su lucha vale la pena para conquistar un país mejor, sin entrar en el debate de la profundidad de sus reclamos. En consecuencia, ¿cómo pretendemos generar cambios, si no estamos dispuestos a incomodar a los espacios de poder? ¿Cuántos cambios reales y positivos llegaron desde la voluntad del centralismo y las autoridades de turno?

Será crucial desprendernos de ese mote de “koygua” si queremos conseguir los cambios que necesitamos para nuestras comunidades. Todos queremos un cambio, pero si no somos protagonistas de nuestro presente, no exijamos lo mejor para nuestro futuro.

sergio.gonzalez@abc.com.py

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