No se dieron cuenta de la estafa porque: 1) Los cartistas aceptan con los ojos cerrados cualquier proyecto que les llega del Ejecutivo. 2) No abren debate, no discuten por miedo a contradecir al patrón; 3) La ausencia generalizada de una capacidad moral e intelectual.
¿Cuándo se dieron cuenta de la estafa? Cuando los maestros, en una formidable y ejemplar reacción, hicieron sentir su fuerza en todo el país. Milagrosamente, la amenaza al voto castigo trajo la luz al oscuro y enredado entendimiento de los diputados. Como una tabla de salvación, tiraron su enojo tardío contra el ministro de Economía el cual, viéndose acorralado, anunció que renunciaría. Se reunió con el presidente de la República, seguramente con la renuncia en la mano, pero salió del despacho presidencial sacando pecho y con pasos firmes. Comunicó al país que no iba a renunciar y que la población ajuste el cinto porque habrá recortes; éstos suelen afectar solamente a la cultura, la educación y la salud. Por lo demás, seguirá todo igual, o sea, el derroche en pasajes aéreos, viáticos, bocaditos, combustibles, sobrefacturaciones, contrataciones de personal innecesario, etc.
Si los diputados fueron estafados, también ellos estafan a la población cada día: No analizan los proyectos de leyes porque no están capacitados, en muchos casos, y en otros, porque esperan sacar provecho personal o sectorial; estafan a la población cuando se acomodan de la oposición al oficialismo; estafan a la población cuando amparan a colegas delincuentes; estafan a la población… en fin, de todas las formas posibles y muy conocidas.
Son tan cínicos estos diputados que ahora se enojan después de haber tenido en sus manos el proyecto de reforma de la Caja Fiscal y no lo estudiaron, se dejaron guiar por lo que se les dijo. Es natural que el proyectista, el Ejecutivo en este caso, procure convencer al Parlamento de las bondades de su iniciativa. Lo que no es natural es aprobar proyectos sin discusión. Parlamento viene de parlar, de hablar, no de arrodillarse.
Es cierto, no todo lo que viene del Ejecutivo es malo, pero aun lo bueno –o lo que parece bueno- tiene varios puntos de vista. Para eso la democracia creó el Congreso.
Mientras en Diputados se atacaba al ministro de Economía, en Senado se defendía con entusiasmo al tránsfuga Javier Vera, conocido como “Chaqueñito”, que pronto olió el panal de rica miel. De Cruzada Nacional pasó sin transición al cartismo. Y no se equivocó. Su certera intuición ahora le hace propietario, entre otros beneficios, de un departamento construido por el ministerio de Urbanismo en el marco del programa “Viviendas Sociales”. Son para personas que ganan hasta 20 millones de guaraníes mensuales. “Chaqueñito” gana 37 millones sin más responsabilidad que votar por el asunto que se le indica.
Hay más, en los departamentos deben residir los compradores. “Chaqueñito” había confesado que un sobrino es el que lo ocupa. El titular de Urbanismo, Juan Carlos Baruja, atendió el pedido con la velocidad de un rayo.
¿Tiene derecho un parlamentario a una vivienda social? Creo que no hay una prohibición legal, pero hay una prohibición ética. El legislador que debe favores a una autoridad administrativa nunca podrá, de darse la ocasión, pronunciarse en contra de quien lo ayudó. Es la condena que ata a Honor Colorado –y sus satélites- a Horacio Cartes.
El caso del senador Javier Vera se denunció como uso indebido de influencias, castigado por la Constitución Nacional. En el tratamiento, los cartistas y satélites fueron una sola voz para salvarlo.
Después “Chaqueñito” hizo lo que tenía hacer: renunció al departamento que no le correspondía. De paso, reveló la calidad moral de sus defensores.
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