Patrimonio en abandono

La paralización de la restauración del Santuario Ñandejára Guasu de Piribebuy deja al descubierto algo más grave que un simple tropiezo administrativo: refleja una gestión deficiente, sin planificación real ni capacidad de respuesta ante imprevistos en una obra de alto valor histórico y cultural.

Desde que el templo fue entregado a la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), el 4 de agosto de 2025, nada volvió a ser igual. La paralización de las obras profundiza la incertidumbre sobre un proyecto clave para preservar este patrimonio religioso e histórico.

La intervención, a un costo de G. 11.400 millones financiado por Itaipú Binacional, debía abarcar pisos, muros, techos y estructuras internas. Sin embargo, la falta de ejecución mantiene el templo cerrado y sin avances visibles.

Llama la atención que una obra iniciada el 31 de julio de 2025, con un plazo de 12 meses, hoy esté completamente detenida. Los trabajos estaban a cargo de MES Ingeniería SA, bajo fiscalización de la SNC, sin explicaciones claras sobre su paralización.

No se trata de cualquier construcción, sino de un símbolo arraigado en la identidad de la ciudad, hoy expuesto al deterioro mientras las instituciones responsables se enredan en trámites.

Resulta inaceptable que un proyecto con financiamiento asegurado y cronograma establecido haya quedado detenido, obligando a reiniciar un proceso de licitación desde cero. Esta situación no solo retrasa la obra, sino que evidencia una improvisación en la conducción de recursos públicos y en la toma de decisiones.

Aún más alarmante es que mientras se repiten los procedimientos burocráticos, el santuario continúe deteriorándose sin ningún tipo de intervención preventiva.

Las advertencias sobre el hundimiento progresivo de los pilares no pueden tomarse a la ligera. Cada día de inacción incrementa el riesgo de daños estructurales que podrían ser irreversibles, encareciendo aún más una obra ya millonaria.

La comunidad, por su parte, se ve obligada a adaptarse, trasladando sus celebraciones a espacios alternativos, mientras observa con impotencia cómo su patrimonio queda relegado.

No basta con anunciar que el proyecto continuará o que los recursos están garantizados. Si no se actúa con urgencia y seriedad, el costo de esta inacción no será únicamente económico. Será histórico, cultural y social.

Y entonces ya no se hablará de una obra inconclusa, sino de una pérdida irreparable que pudo haberse evitado. La ciudadanía necesita hechos concretos, plazos claros y el Santuario Ñandejára Guasu merece respeto.

faustina.aguero@abc.com.py

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