Datos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) indican que el departamento de Itapúa concentra el 57% del cultivo nacional de yerba mate, posicionándose como el principal polo productivo del país. Esto se traduce en un registro de aproximadamente 25.000 hectáreas de tierras cultivadas. Los involucrados en el rubro manifiestan que existe una gran producción desde el año pasado, sin embargo, la misma cayó 15% en la última cosecha. En contrapartida, las exportaciones de yerba mate elaborada crecieron 34% en 2025 frente al año anterior y el producto paraguayo logró ingresar a cuatro nuevos mercados.
Actualmente, la yerba mate paraguaya llega a 25 países, con Siria como principal destino, además de mercados regionales como Brasil, Argentina y Chile, y nuevas plazas no tradicionales como Emiratos Árabes Unidos, Pakistán y Estonia.
Por otro lado, el decrecimiento de la producción tiene que ver con el desencanto de los pequeños productores, ante la falta de seguridad jurídica para negociar el precio de la hoja. En Mayor Otaño, hace días, productores decidieron destruir sus cultivos ante la oferta de los secaderos de pagar solamente G. 400 por kilo. El irrisorio precio no se acerca al referencial que exigen los productores, que piden se llegue a G. 2.350 por kilo.
Si bien no hay un precio acordado, el promedio se mantiene en G. 1.100, según detalló el presidente de la Federación de Productores de Yerba Mate, Felipe Ojeda.
Hace años este sector solicita la intervención del Estado, para regular o mediar los precios de la producción, para que no afecte a los productores. Producir yerba puede tomar entre 3 y 5 años para llegar a la primera cosecha. La inseguridad sobre los precios y la falta de garantías hacen que los productores se alejen de la idea de querer mantenerse en el rubro. La preocupación de los dirigentes del gremio es que esta falta de acción del Estado termine en la destrucción del rubro.
Más allá de lo económico y la necesidad de desarrollo del campo, la yerba mate es un patrimonio cultural. En contrapartida, los locales se ven forzados a mecanizar las tierras y alquilarlas para cultivos extensivos como la soja.
En el país del crecimiento de la macroeconomía, ¿se asumen los riesgos reales de este fugaz desarrollo que solamente beneficia a unos pocos?
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