No debía ser así  

Como usuario frecuente de plataformas de transporte en Asunción, y comparando el servicio con el que se recibe afuera, es inevitable preguntarse qué justifica tanta diferencia. Lo que empezó hace pocos años como una alternativa moderna, cómoda y económica, terminó en un sistema desordenado donde el pasajero queda muchas veces a merced de la suerte.

A ver, antes teníamos solo los taxis. Con sus virtudes y algunos defectos, uno ya sabía a qué atenerse. Por sobre todo: La amabilidad del taxista y muy pocos incidentes desagradables. Luego llegaron las plataformas como Uber, con una promesa al público: un servicio más limpio, más seguro, manejado por personas —muchas veces jóvenes— que buscaban generar ingresos para sostener sus estudios, con un cuidado especial sobre el vehículo, que muchas veces era propio.

Así debía ser, pero no. La idea original duró poco en Paraguay. Autos impecables, trato cordial, precios razonables… se acabó pronto. Con propietarios de varias unidades alquiladas a choferes, principalmente, bajó muchísimo la calidad del servicio.

Después aparecieron otras plataformas, con tarifas más bajas. Y ahí como que empezó la caída libre. Sí, pagar menos suena bien, pero no cuando el servicio es malísimo: autos en mal estado y sucios, conductores desganados, viajes incómodos y hasta inseguros. En lenguaje juvenil, “no pega”.

No debía ser así. Es muy común encontrarse con un chofer agresivo, no atienden el pedido si se paga con tarjeta y normalmente no tienen cambio. Parecería que cualquier persona sin empleo formal directamente trabaja como chofer de plataforma. Sin entrenamiento básico, sin modales. El respeto al pasajero, bien gracias.

Solo un par de años atrás, trabajar de esta forma hasta tenía un cierto status. Era un placer entablar una conversación con los choferes, había mucha gente muy educada entre ellos. Sin embargo, aspectos como los que mencionamos antes se encargaron de tirar para abajo el estándar, en todo sentido. Así, no es inusual hacer todo un viaje en silencio, incluso invadido por música mala.

No debía ser así. Existe legislación en Paraguay que regula estas plataformas. En teoría, hay normas, requisitos, controles. Pero en la práctica, todo indica que la fiscalización es débil o inexistente. Las reglas están, pero no se cumplen.

Y nos damos de frente con hechos como los recién ocurridos. La muerte de un usuario días atrás no debe tomarse como algo aislado. Al hurgar en los detalles, la Fiscalía encontrará inconsistencias, fallas en los controles, algún documento falso… El sistema mal gestionado.

No debía ser, pero es así. Mientras no se ejerzan controles eficaces y no contemos con un transporte público eficiente, seguiremos presos dependiendo de las mafias de los colectivos y plataformas, y tolerando irregularidades inaceptables.

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