Si hay algo que nos tiene que preocupar es que nos estamos acostumbrando a justificar las injusticias, valga el juego de palabras. Esa justificación nos da la excusa para no involucrarnos, pero también nos envuelve cada vez más en nuestra propia burbuja, donde nos sentimos más cómodos, sin exponernos.
Por supuesto que indignarnos nos lleva a que ese volcán de emociones nos movilice desde adentro y nos convierta muchas veces en los menos simpáticos de cualquier reunión. ¿Cuántas veces vivimos la triste realidad de acomodarnos a la falta de empatía? Deben ser muchas en los tiempos actuales y más en los círculos en los que la frivolidad es la moneda corriente.
Ese sentimiento que al principio es solo mirar al otro lado, finalmente se transforma en una creciente bola de nieve que se vuelve inatajable y que puede llegar hasta situaciones criminales, o por lo menos cómplice. ¿De qué otra manera se puede explicar un caso emblemático como “la mafia de los pagarés”? Cada semana siguen apareciendo nuevas situaciones que tuvieron a tantos participantes dentro de la misma justicia que dejaron casi morir de inanición a humildes trabajadores que no se enteraron que fueron condenados hasta que lo sintieron en los descuentos que desangraban sus sueldos.
Igual situación podría englobar a los que sabiendo que algunos candidatos fueron protagonistas de grandes hechos de corrupción, hoy los acompañan como si nada hubiera pasado, como si fuera normal apropiarse de multimillonarias sumas que endeudaron por décadas a los contribuyentes y a la ciudadanía, y que a la vez los condenan a tener instituciones al borde de la bancarrota, mal administradas y sumidas en el caos.
Un recuadro destacado para los que se dedican a idear y protagonizar el falso testimonio, para justificar a los condenables, y ni hablar de los que buscan la ruina de los inocentes, sin dudas tendrán su palco VIP en alguno de los más temibles infiernos. Podemos estar seguros de que todos ellos comenzaron simplemente mirando al costado, dejando pasar las situaciones, hasta llegar a convertirse en protagonistas.
La indiferencia es solo el primer paso para enfriar la conciencia y hacer que salga afuera la frialdad del alma egoísta que se aprovecha de un sistema tan corrupto, tan normalizado y tan instalado, que hace de todo para resistir su caída.
Arturo Zarratea Herreros