Esto es lo que ocurrió pocos días atrás en Ciudad del Este, con el cartel instalado en la franja de dominio del Ministerio de Obras Públicas. No se trató de un anuncio comercial más. Su contenido era de mal gusto y ofensivo. Por eso generó de inmediato la indignación ciudadana.
La pregunta lógica es: ¿cómo llegó allí? Porque una cosa es que alguien coloque un cartel en una propiedad privada y otra muy distinta es que aparezca en un espacio que pertenece al Estado. La franja de dominio no es tierra de nadie.
Precisamente, por tratarse de una franja administrada por el MOPC, existen normas, procedimientos y autorizaciones. Los espacios públicos no deberían estar disponibles para cualquiera que pague el canon y tenga una idea desafortunada.
La reacción de la gente es más que comprensible. Sin entrar en opiniones particulares, el mensaje era ofensivo y de pésimo gusto. Y habiendo ocurrido en un espacio público, estaría bueno propiciar la discusión no solamente sobre el contenido, sino sobre los controles que debieron hacerse. Y no se hicieron.
Muy llamativo. En un país donde sobran los trámites, formularios y autorizaciones, aparece de la noche a la mañana un cartel de semejante tamaño sin que nadie pueda explicar quién le dio el visto bueno. La burocracia suele ser lenta para muchas cosas, pero es raro que desaparezca de esta forma.
Como ciudadanos, deben preocuparnos tanto el mensaje como el precedente. Si espacios públicos se pueden usar sin el control adecuado, entonces el problema es mucho más grande que un cartel. Hablamos aquí de la capacidad de un órgano estatal de administrar un bien que es de todos.
También preocupa la ligereza con que se toma. Discusiones en redes, fotografías que se comparten, debates estériles… para que al cabo de unos días el episodio quede archivado sin haberse aclarado.
Lo más importante no es retirar el cartel. Eso es una consecuencia nomás. Primordial será identificar a quienes autorizaron la instalación y seguramente lucraron con eso. Mientras eso no ocurra, seguirá flotando la sensación de que nadie responde por los espacios públicos. Paraguay y su segunda ciudad más importante no necesitan un cartel nuevo. Necesitan nombres, explicaciones y sanciones. Mientras tanto, aquel sitio es tierra de nadie.