El fútbol que nos libere de las broncas

Tras 16 años, la selección paraguaya volverá a la fase final de un Mundial de fútbol. Y la ciudadanía entró en un estado de fervor que recuerda estados similares en mundiales con presencia paraguaya. Como en circunstancias semejantes, la gente está unida por una camiseta. De los pocos símbolos que nos unen por encima de diferencias y de broncas.

Por un momento, durante los partidos del equipo compatriota, estaremos pendientes de los futbolistas; de las peripecias del juego, de las genialidades de la Joya Enciso, de los desbordes de Miggy, de la creatividad de Diego Gómez, de la fiereza defensiva del Capitán Gustavo Gómez, de los goles del Tony; del resultado final.

Estaremos atentos a eso para olvidar tantas cosas que nos acongojan y que se dan a conocer día tras día en cuanto a personajes para quienes el poder es solo una plataforma para robar impunemente el producto del sacrificio del pueblo.

Un triunfo albirrojo hará menos amarga la espera del transporte público a la madrugada con las pocas pertenencias apretadas al cuerpo ante el peligro de los motochorros; un gol será cantado con todo el júbilo que pueda erigirse desde el dolor por la falta de un medicamento crucial en un hospital público, porque el dinero para el mismo fue escamoteado por los corruptos.

Un triunfo de las Fieras de Alfaro hará que por instantes guardemos en un rincón del alma la vergüenza que sentimos ante una Justicia surtida de magistrados que parecieran estar más al servicio los delincuentes que para proteger a las víctimas de los delitos.

Si Tony Sanabria revive su chilena legendaria soportaremos mejor el mal trago que sentimos al conocer los estratosféricos salarios de tantos ignorantes y bucaneros que, habilitados por un trapo colorado, acceden a estar mejor que maestras, médicos, enfermeras, profesionales universitarios que solo tienen el respaldo de un título verdadero, no de los fraguados.

Una gambeta y un disparo al ángulo de Enciso paliarán la amargura de las víctimas de la mafia de los pagarés creada en el riñón mismo del Poder Judicial por una caterva de jueces, fiscales, abogados y ujieres criminales como nunca hubo en nuestra historia de funcionarios venales.

Un cabezazo de Gustavo que venza al arquero rival sacudirá de alegría el pecho del padre o la madre que no tienen lo suficiente para alimentar y educar y vestir a sus hijos, mientras tantos capitostes exhiben sin pudor su opulencia viciosa.

Más que la espada del Mariscal, estos muchachos deben llevar en el caracú el dolor de los que sufren y la bronca que siente el pueblo ante tantos ladrones en el poder. Eso les insuflará coraje. Como nadie, ellos le pueden dar felicidad, unión e igualdad al pueblo.

Y deben saber que cuando las piernas flaqueen y al cuerpo le cubra el cansancio, habrá 6 millones de voluntades que les darán lo único que pueden dar: el aliento nacido del amor a esa camiseta tan nuestra.

nerifarina@gmail.com

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