La expulsión de Almirón

Todos vimos la insólita expulsión de Miguel Almirón en el triunfo frente a Turquía, y todos vemos las “pausas de hidratación” en los partidos del Mundial.

Soy de los que comparte el criterio de que hay que evolucionar para mantener la vigencia y, por tanto, acompaño, en términos filosóficos, la idea de de introducir mejoras en el juego que todos amamos que conocemos como fútbol (no “soccer”), pero no creo que los cambios impuestos por la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) sean progreso.

No se me ocurre mejor ejemplo para explicar el punto que lo que ocurrió con la República Romana: La reforma constitucional de Augusto, que estableció lo que conocemos como Imperio Romano, necesaria para lograr administrar con mejor eficacia un territorio que había pasado de una ciudad sola a abarcar tres continentes, no modificó las instituciones republicanas. Sin embargo sus sucesores cambiaron tanto la constitución que para la época de Diocleciano ya no había República sino despotismo puro y duro; Roma fue convertida en otra cosa, distinta y contrapuesta, a la que Augusto pretendió ayudar con los cambios.

La FIFA introdujo el análisis tecnológico en el arbitraje (el VAR) que parece ser pertinente y positiva, pero esto de la “pausa de hidratación” creo que desnaturaliza el juego porque corta el impulso que están teniendo los equipos en el tiempo normal y permite la chance de un cambio en la dinámica de los partidos que de otra manera dificilmente se produciría.

E introdujo, para complacer a los empresarios fascistas congregados en el Foro Económico Mundial en su empuje para normalizar la discrecionalidad del poder en la aplicación de castigos, la “ley Collani/Vinicius”, que castiga con expulsión directa a los jugadores que se tapen la boca sin necesidad de corroborar lo que dijeran, si es que dijeran algo.

Escuché que la “pausa de hidratación” se estableció más para permitir mayor exposición publicitaria que por exigencias físicas y que eso favorece a la sustentación económica del deporte, pero, a mi modo de ver y sea cual sea la razón verdadera, convierte a la competencia en algo distinto al fútbol original.

Y Vinicius Junior es el jugador que fue encargado de preparar con sus lloros teatrales, profusamente propagados por los medios de comunicación globalistas, el terreno para justificar la arbitrariedad de las expulsiones.

Es un proceso parecido al que sufrió el rugby en Estados Unidos, donde Walter Camp elaboró nuevas que generaron algo distitnto, el “fútbol americano”, que ya es otra cosa, diferente del rugby propiamente.

El hecho de que la FIFA tenga sobre el fútbol un poder coercitivo que le asegura, por razones marcarias, la capacidad de imponer sus criterios no significa que más pronto que tarde no estemos ya ante algo que no es fútbol, aunque se le parezca. Lo dijo expresamente Gustavo Alfaro en su conferencia de prensa tras el partido con Turquía.

Hacer cambios para mantener la vigencia está bien. Hacerlos para crear algo distinto me parece mal.

evp@abc.com.py

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