Desencanto y apatía

Así como en los deportes, el entusiasmo no dura para siempre tampoco en otras disciplinas, finalmente la responsabilidad y la tenaz constancia son las que pueden hacer la diferencia en el futuro.

Indudablemente, es tan normal ver que aparecen grandes ideas cada vez que se lanzan las candidaturas a diferentes cargos, pero el desencanto aparece tan pronto como cuando sus protagonistas se dan un fuerte de golpe al conocer la realidad, lo que ocurre siempre en las instituciones que pretenden gobernar.

Sin ser ningún experto, podríamos afirmar que uno de los principales problemas en nuestro país es la falta de visión al futuro y la lentitud para asumir los proyectos que debían desarrollarse décadas atrás, y a la vez la casi nula planificación. A eso hay que sumar que muchos de los grupos políticos que asumen en lugar de sus opositores, discontinúan las obras, dejan sin presupuesto los proyectos que ya comenzaron, y es así como cada cinco años todo se reinventa y comienza de nuevo. Las cartas vuelven a barajarse antes de que sean repartidas.

No se trata de solamente la falta de visión y de patriotismo, muchas veces es simple y llana corrupción, ser parte de la rosca, dar lugar a las empresas de los amigos, y en los casos más descarados a sus propias empresas disfrazadas de legalidad, si es necesario cambiar las reglas del juego para que todo encaje simplemente se hace sin ningún rubor. Y esto ocurre mucho, no solamente en cualquier distrito perdido del interior, también en las altas esferas.

Muchas veces nos preguntamos si eso realmente va a beneficiar a los vecinos, o a la ciudadanía, y para obtener la respuesta a veces basta con averiguar quien ganó la licitación que -en innumerables ocasiones- se hace a medida. Generalmente, los accionistas tienen algún tipo de relación con quienes hicieron el llamado. Es así que aparecieron toneladas de medicamentos que vencían y nadie los necesitaba, mientras los básicos estaban fuera de stock y los asegurados enfermos. Corrupción fatal.

Lamentablemente, el lucro y el beneficio particular es el objetivo final de una inmensa mayoría de candidatos, de lo contrario no tiene lógica el gasto tan elevado con respecto a los salarios que percibirían una vez electos. Algunos lo asumen descaradamente, prometiendo a su propio equipo y correligionarios que una vez arriba, se encargará de torcer cualquier regla que sea necesaria. El único que no gana nada es el que vota, es así que la decepción y la apatía se apodera de los electores.

arturo@abc.com.py

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