La vuelta de página para el PLRA

El Partido Liberal Radical Auténtico, en la primera sesión de su nueva conducción, pidió “respeto” a los demás partidos de la oposición y de paso “exigió” que renuncien los candidatos de Yo Creo y Cruzada Nacional en los municipios donde hay candidatos liberales con mejor posibilidad electoral.

Los liberales se sienten, aparentemente, con autoridad moral para hacer este tipo de exigencias pese a que no hicieron un mea culpa oficial por haberse confabulado algunos de sus parlamentarios con los cartistas para echar a una senadora de otro partido de la oposición electa por 100.000 votos que tuvo el atrevimiento de molestar a los cartistas.

La historia reciente revela que en varias oportunidades dirigentes del PLRA tuvieron conductas cuestionables, por decirlo de forma elegante.

En todas las elecciones del periodo democrático se presentaron como opción electoral, pero cuando llegaron al poder, aunque no fue por vía de la elección popular, su conducta no distó mucho de la que tuvieron siempre los colorados, en cuanto a aprovechar para beneficiarse personalmente.

El gran desafío que tienen las autoridades del PLRA es mantener una línea institucional y que esta sea respetada por sus dirigentes y afiliados en todo el país.

La urgencia de las elecciones municipales de octubre próximo y luego, inmediatamente, los preparativos para las elecciones de 2028, tal vez puedan usarse como excusa para evitar ocuparse de cuestiones de principios, ética y coherencia política.

Sin embargo, justamente la conducta que mantengan desde ahora como partido tendrán una influencia decisiva en los eventos electorales mencionados.

En junio de 2012, hace 14 años atrás, hubo un evento traumático que marcó a la oposición y propició que se frustrara, desde entonces y hasta ahora, la posibilidad de que exista una alternancia en el poder.

Las traiciones cruzadas de entonces entre quienes se habían aliado en 2008 para derrotar al Partido Colorado motivaron un quiebre con el electorado independiente.

Hubo después algunos simulacros de unidad, pero fue imposible recuperar la confianza de la mayoría ciudadana.

Puede que ahora sea ya el momento de dar vuelta la página. Dependerá sobre todo de la voluntad y de un liderazgo político que no sea solo personal sino colectivo. Una cuestión inédita y difícil en nuestra historia política democrática.

mcaceres@abc.com.py

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