De acero

Aldo Zuccolillo amó entrañablemente Paraguay y a la libertad. Son dos amores a los que dedicó su vida. Fue dos veces preso por negarse a revelar sus fuentes y no parar sus publicaciones. Indoblegable, terminaron cerrándole el diario.

Ni los cinco años que estuvo cerrado ABC Color sirvieron para domesticarlo. En 1989 reabrió redoblando la apuesta por la tecnología, con la misma indomable actitud y el mismo desafío al poder. Me tocó vivir toda esta nueva etapa desde el día uno, lo vi publicar contra todos. No perdonó a nadie. Ni a su familia. Ni a sus amigos. Ni a sus conocidos. Ni a quienes invocaban su nombre. A nadie.

La democracia no eliminó las persecuciones; las sofisticó. Ya no hicieron falta cárceles. Arremetieron con escribanos, abogados, denuncias, inspecciones tributarias, auditorías, amenazas y obstáculos administrativos para intentar doblegar a un diario incómodo.

Acero amaba la libertad profundamente. En época del oviedismo, los periodistas firmamos un comunicado manifestándonos contra la línea del diario; él no dudó en publicar la nota en página enfrentada al editorial. Me permitió disentir, diametralmente, y en este mismo espacio, contra criterios suyos. En 1998 Juan Carlos Galaverna lo demandó y logró su condena. Pasaron casi 30 años de aquella sentencia para que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dictamine que Paraguay violentó varios artículos de la Convención Americana de Derechos Humanos. El caso está la Corte Interamericana, y de lo que no me queda ninguna duda, es que Santiago Peña hará lo imposible por un fallo contra los derechos de nuestro fundador.

¿Por qué lo digo? Por dos hechos a la vista: 1) Porque Aldo Zuccolillo no está muerto, lo sabe el gobierno actual en su tenaz persecución. Su hija Natalia, nuestra directora, se ha parado sobre sus huellas. Ya no se animan a llevarla a la cárcel pero ha enfrentado dos juicios -al mismo tiempo- y con el mismísimo abogado de Santiago Peña y de Horacio Cartes. Hoy día desgastan la credibilidad mediante campañas de desinformación, hostigamiento digital, litigios judiciales y presión económica. Hoy destruyen donde más duele: la familia. Fuimos los primeros en publicar el caso Léoz y en reclamar justicia. Ahora resulta que aquellos que lo encubrieron, lo desempolvaron para castigar a la Directora de ABC.

Esta semana fue el cumpleaños de Acero. Y recordé algo que todos los poderes de turno olvidan: que son justamente eso, de turno. Vienen y van. Como otros antes se fueron. Como Santiago Peña también se irá. ABC sigue, y seguirá. Porque aquello que ha nacido con las botas puestas, con las botas puestas se irá.

mabel@abc.com.py

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