Primero el poder, luego la Patria

Tras dedicarse mutuamente diatribas en la interna municipal en Asunción, los dirigentes colorados de uno y otro bando se abrazan y proclaman la unidad.

No sabemos en qué quedaron las acusaciones y descalificaciones que se dedicaron. Si eran en broma o si en realidad no eran tan importantes. O tal vez eran mentira y se dijeron nomas por decir.

Si los colorados creyeran en la máxima del Gral. Bernardino Caballero “Primero la patria, después el partido” no deberían abrazarse con personajes que pintaban como nefastos para la República. Menos aún pedir votos para quienes tienen defectos tan negativos para el partido y el país, según decían en la campaña electoral reciente.

No deja de sorprender que los ganadores de la interna, en este caso Camilo Pérez y compañía, hayan salido desesperadamente a tomarse fotos con los de Colorado Añetete, encabezados por Mario Abdo Benítez, que antes los trataron de advenedizos y simples continuadores de la calamitosa administración de Nenecho Rodríguez, pretendiendo mostrar que ahora se aman y que son lo mismo que sus adversarios.

Lo peor de todo es que, pasadas las elecciones municipales de octubre próximo y con el inicio de la campaña interna para las presidenciales de 2028, vamos a escuchar nuevamente que estos, con los que se abrazan ahora, son corruptos, perseguidores de colorados, ladrones del erario público, narcotraficantes, lavadores de dinero y quien sabe cuántas lindezas más.

¿Habrá que poner cara seria y asentir con el mentón mientras se escucha eso? ¿Valdrá la pena reclamarles por que se abrazaron antes y decirles que se volverán a abrazar después como si nada? ¿O mejor será sonreir o hasta reirse a carcajadas al escuchar cómo quieren tomarle el pelo a todos, cual si fuesen tontos?

La solución sería que los líderes colorados digan sinceramente que, primero que todo, para ellos está conservar el poder político como sea.

Segundo está que cada uno de ellos se enriquezca todo lo que pueda. Tercero, beneficiar con negocios, licitaciones, sueldos millonarios, etc a los familiares, dirigentes “amigos” y operadores políticos que los ayudaron a llegar al poder.

Y cuarto: la Patria, o sea sus compatriotas anónimos, trabajadores que reclaman salud, educación y seguridad y los empresarios que tratan de hacer las cosas honestamente.

Pero esto último solo si hay tiempo y si sobra algún recurso de los impuestos que el pueblo paga con la esperanza de estar mejor.

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